Arturo Rivera:
‘Si no pinto, exploto’

“Creo que soy un pintor poeta”, dice Arturo Rivera. En sus cuadros está su vida, y en cada cuerpo, reflejado, su propio cuerpo. “Ahí saco todo. Llega un momento en que, si no pinto, exploto”.

Su voz es poco más que un susurro. Desde hace 18 años, una válvula en el corazón le recuerda su fragilidad, que olvida frente al lienzo. Con un pincel se vuelve poderoso. “Pintar es fantástico, como un viaje. Dejas de pensar en ti, en tus problemas”.

Rivera confiesa ser de naturaleza depresiva, culpógeno, poco sociable, alguien con quien es difícil convivir. Eso no le ha impedido casarse seis veces, y hace apenas unos días terminó una relación con una mujer cuatro décadas más joven.

“No sé si ha sido por amor, o por la angustia, que he tenido tantas mujeres”, afirma el artista, que el 15 de abril cumplirá 70 años. “Hay veces en que el sexo se convierte en una fuga, como cuando estoy deprimido y me pongo a ver una serie de televisión”.

¿Se ha enamorado seis veces en 70 años?

No, a veces me he casado por otras razones. Por el miedo a estar solo. Pero ya no. Como dicen: contra la depresión, acción. Te pones a trabajar, caminas, haces algo.

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Para montar una exposición necesita cinco años de trabajo. Su arte es un proceso lento. Hubo épocas, recuerda, en que coqueteó con lo abstracto, incluso con las formas geométricas. Pero sólo era, asegura, un divertimento.

Rivera es un pintor realista, no figurativo, aclara. “En el realismo la luz es indispensable. Es algo que empieza con el Renacimiento: el punto de fuga, la bidimensión. Te mete dentro de la obra”.

Su pintura es inquietante, enigmática. Una realidad alterada donde junto a un rostro desquiciado, sufriente, deforme, aparecen elementos animales, vegetales, minerales. Son figuras que miran al espectador, que lo interpelan.

“La pintura que no conmueve es decoración. Punto. Tiene que hacerte sentir algo”.

El año pasado le llevó cuatro meses terminar el primer cuadro de una serie que ha titulado Mise en scène. Ya no es una, sino cinco o seis figuras humanas las que interactúan en la obra. “No te están mirando, eres tú quien las mira. Ésa es ahora mi obsesión”.

Pintar ha dejado de ser, explica, un proceso intuitivo. Si antes comulgaba con sus figuras, dejándose llevar, sin pensar, ahora es Rivera quien propicia el acto de la comunión. Se ha separado para poder dirigir la representación.

¿Ha sido un hombre de excesos?

Siempre. Tomaba Ativan, un ansiolítico, alcohol y mota; los tres juntos son una bomba. Ahora, de repente fumo mota, o me tomo un whiskito.

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Vivió de 1976 a 1979 en Nueva York, y luego hasta 1981 en Alemania. “Cuando regresé, nadie me tragaba”, señala. Para los artistas de la Ruptura, precisa, el realismo no era una opción estética.

Rivera es radical en su crítica al arte contemporáneo. “No acepto que alguien ponga una piedra en un piso y ésa sea su propuesta. Pero tampoco creo que le hagan daño a la pintura. ¿Tú crees que el mercado o unos cuates vayan a acabar con la pintura? Para nada”.

Lo que lamenta es que los museos del País estén “secuestrados” por los artistas VIP (video, instalación, performance), conceptuales.

En su página de Facebook, Arturo Rivera regresa, expone “pura pintura” y asegura que son los jóvenes creadores quienes están siguiendo la corriente realista.

“Pero también se ha caído en un hiperrealismo cursi, en pinturas que son como fotografías”, critica. “Como Carbonell, que podrá tener mucho éxito, pero es el pintor más cursi que existe”.

De Rivera se afirma que pinta “puro destripado”, que sus cuadros aterran, que se autorretrata en exceso. Ideas equivocadas, dice. “Yo me tomo como modelo, pero no soy yo. Autorretratos me he hecho dos o tres”.

Con lo único que ha experimentado, sostiene, es con la figura. “En mis cuadros siempre está el elemento humano… en esta época de deshumanización”.

¿A qué le tiene miedo?

A nada. Ni a la muerte. Bueno, sí, a empezar un cuadro. Nunca empiezo un lienzo en blanco: le pongo un fondo de color, o las líneas de la sección áurea, para no ver el vacío.

Reforma, 10 de abril de 2015