Enrique Krauze:
‘Un biógrafo no es un juez’

Revolución fue la palabra imantada de esperanza que rigió, de principio a fin, la vida de Octavio Paz, afirma el historiador Enrique Krauze.

“Trató de hacer la revolución con su poesía, y creyó en la aurora revolucionaria del siglo 20”, dice el autor del ensayo biográfico Octavio Paz. El poeta y la Revolución (Penguin Random House), publicado originalmente en 2011 como uno de los capítulos de su libro Redentores.

En entrevista, afirma estar contento por el homenaje que recibió el Nobel en el centenario de su nacimiento. “Hubo unanimidad en el respeto a su obra, yo creo que eso habla bien del México actual”.

El Presidente Enrique Peña Nieto se apropió de las palabras de Paz para refrendar sus políticas, ¿le parece correcto?

Son palabras de Peña Nieto, no de Octavio Paz. Paz luchó por la democracia, por la libertad de expresión, y el Presidente se comprometió a seguir impulsando esto. Qué tan bien o mal lo hace es materia de discusión.

¿Qué pasó en la vida del joven Krauze para que pasara de adversario de Paz a gran admirador de su obra?

Siempre admiré a Octavio Paz, desde que lo leí la primera vez. Lo que pasa es que yo pertenecía al grupo de Carlos Monsiváis de La cultura en México en Siempre!, y éramos unos jóvenes impetuosos. Queríamos afirmarnos frente a lo que veíamos como el establishment. Nos pareció fácil hacer un número en contra de los liberales. Un joven es rebelde y sólo con el tiempo descubre que esa rebeldía tenía fundamentos un poco frágiles. Yo empecé a leer Plural, y me sentí un lector a quien esa revista convencía y casi convertía. Entonces me replanteé mis puntos de vista políticos: me acerqué al liberalismo, también gracias a Daniel Cosío Villegas, que era un liberal puro, ni de derecha ni de izquierda, y es así como yo me defino también: un liberal.

Paz respondió al artículo publicado en La cultura en México por Krauze y Héctor Aguilar Camín llamándolos “pareja de siameses intelectuales” con “medio cerebro en dos cabezas”. Era el año 1972. El encuentro del historiador con el Nobel se produjo en 1976, en el funeral de Cosío Villegas.

¿No había resentimiento en Paz por ese antiguo episodio?

No había ningún resentimiento en Paz. Ese fue un incidente en el fondo sin ninguna importancia. Nunca hablamos de eso.

¿Qué fue para usted Octavio Paz?

Ante todo, el pensador que me reveló las claves fundamentales de México. Este libro es el homenaje a un amigo, pero yo introduzco puntos de vista críticos. Creo que es un acercamiento leal, puesto que busca comprender a un hombre de una obra inmensa. Un día me dijo: “Advierta usted por qué admiro a Vasconcelos. Lo admiro porque es un hombre tocado por el absoluto”. Bueno, yo estoy seguro de que Octavio Paz fue un hombre tocado por el absoluto.

¿No había nada reprochable en Paz? Eso parece al leer su biografía.

No creo que un biógrafo tenga que ser un juez. En segundo lugar, este es más un ensayo biográfico sobre la vida pública, intelectual, literaria y editorial de Octavio Paz, sobre la que, pues sí, qué le voy a hacer, tengo pocos reproches, porque sobre todo siento solidaridad. Pero Octavio se reprochaba no haberse separado de la Revolución Rusa, o de los compañeros de ruta de esa revolución, en los años 30, y yo se lo reprocho también en mi libro, tácitamente. Además, corrijo sus fechas. Creo que su despertar al liberalismo fue mucho más tardío de lo que decía, que su convicción democrática tuvo algunos adjetivos y que fue un liberal muy a la mexicana. Y ese liberalismo estaba además impregnado de una religiosidad católica, secreta, que es una vena por explorar.

Krauze considera imposible que alguien pueda escribir una biografía definitiva de Paz, ya que sólo es posible acceder a una parte de sus archivos. Sus cartas, dice, están desperdigadas por el mundo; otras las guarda su viuda, Marie Jo.

“No tenemos elementos suficientes para reconstruir con justicia los dramas sucesivos de la vida íntima, personal, de Octavio Paz”.

Usted estuvo junto a Paz 22 años. ¿Es esta biografía un trabajo preparatorio, ya que de su vida privada sólo ofrece atisbos?

La respuesta es sí.

¿Llegará de su pluma la gran biografía de Paz?

No sé si pueda. A ver, como decía mi abuela, si Dios me presta vida. Tengo antes otros libros en el fogón.

¿Sabe dónde están los restos de Paz?

Tengo la impresión de que sus cenizas las tiene Marie Jo Paz. Nunca hablamos de eso, por supuesto.

Reforma, 2 de abril de 2014