Fernando del Paso:
‘Confío en la suerte’

“Adelante, sin mirar para atrás”, podría ser la divisa de Fernando del Paso en sus 80 años. Sin perder el sentido del humor, advierte: “Aunque esto es lo primero que se me ocurre. Quizás más adelante cambie de opinión”.

Sobrino bisnieto del historiador Francisco del Paso y Troncoso, el escritor nació en Orizaba 150, en la colonia Roma, el 1 de abril de 1935. Estudió en San Ildefonso el bachillerato en ciencias biológicas con la idea de ingresar a la Escuela Médico Militar. Entre cursar medicina o casarse, ganó su amor por Socorro, la madre de sus cuatro hijos: Fernando –fallecido en 2005–, Alejandro, Adriana y Paulina.

Después de estudiar dos años economía, abandonó la carrera cuando comenzó a ganar dinero como copywriter, en publicidad. Ha contado que, fascinado por su tío Zoltan Mester, a los 13 años empezó una novela inspirada en este húngaro aventurero, que no llegó a terminar.

Se estrenó en el mundo literario con un libro de poemas, Sonetos de lo diario, publicado en 1958. Dedicó siete años a su primera novela, José Trigo, aparecida en 1966 en Siglo XXI. Del Paso contó a Elena Poniatowska que el director de la editorial, Arnaldo Orfila, prácticamente se la “arrebató”. Aún escribía uno de los capítulos centrales cuando empezaron a corregir las galeras.

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En 1979, le preguntaron a Juan Rulfo si no había hecho escuela como escritor. Su respuesta fue: “Fernando del Paso, quizás”.

¿Se asume usted como discípulo de Rulfo?

Yo fui muy amigo de Rulfo, y tanto de su conversación como de su lectura aprendí mucho. Cuando escribí José Trigo, me esmeré en hacer dos capítulos que yo consideraba muy “rulfianos”. Una vez publicado, nadie mencionó esos capítulos, pero muchas personas señalaron la influencia de Rulfo en otras partes del libro que yo no había imaginado. Se referían al sentimiento de desolación y muerte que forman parte de la atmósfera de José Trigo.

¿Se propuso plantear desde José Trigo lo que sería el sello de su literatura, en términos de experimentación y variedad de técnicas narrativas? ¿Es esa mente suya, “desmesurada e hiperbólica”, según sus propias palabras, la que determinó su ambición literaria?

Sí, eso creo. Aunque desde muy joven determiné que sólo escribiría cosas trascendentales, y para ello acudí siempre a la desmesura.

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José Trigo, anunciada como “el Ulises mexicano”, causó polémica. Juan Rulfo, José Luis Martínez y Álvaro Mutis celebraron la riqueza de su lenguaje y la complejidad de su estructura, mientras que Emmanuel Carballo y Gustavo Sáinz la criticaron con dureza. Huberto Batis llegó a afirmar: “Es una novela cuyo estilo ha nacido muerto, no tanto por falta de gestación sino por exceso”.

Carmen Álvarez Lobato, especialista en la obra delpasiana, afirma que José Trigo significa un inicio “apabullante” en su carrera de escritor. Del Paso se propuso escribir cada capítulo con un estilo distinto. Aspiraba a la novela total.

La académica de la Universidad Autónoma del Estado de México considera que la forma –una multiplicidad de registros, visiones, léxicos– es lo primero que atrae de sus novelas José Trigo, Palinuro de México y Noticias del imperio, a las que siguió Linda 67, su incursión en el género policiaco. Pero el rasgo distintivo en Del Paso, asegura, es su visión crítica de la historia, que deriva en una crítica a la modernidad.

“Es lo que llamo su poética del fracaso: todos los personajes fracasan ruidosamente en lo histórico como reflejo del enorme fracaso de la historia de México. Tienen una única salida, que sólo puede darse desde lo mítico o lo poético”, explica.

“Probablemente, Del Paso aspire a la novela total, pero esta totalidad sólo se logra mediante la suma de fragmentos: de textos, historias, estilos, visiones, voces… con lo cual niega, al mismo tiempo, la totalidad que pretende”.

¿Se considera un renovador de la literatura?

Bueno, quizá los demás me consideren así. Lo que puedo decirle es que escribí José Trigo bajo la influencia de Joyce y de un enorme número de grandes escritores que me dieron a conocer dos inolvidables amigos: Antonio Montaña, colombiano, y el español-mexicano José de la Colina.

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Fernando del Paso fue becario del Centro Mexicano de Escritores, y del International Writing Program de la Universidad de Iowa. Octavio Paz, Miguel Ángel Asturias y Juan Rulfo avalaron su solicitud para obtener una Beca Guggenheim.

En 1971, comenzó a trabajar como escritor y locutor de programas de radio en la BBC de Londres, donde permaneció hasta 1985, cuando fue contratado en París por Radio France International. En Inglaterra, se inicio en el periodismo como colaborador de El Día, y más tarde de Proceso.

Palinuro de México se publicó en Madrid en 1977, y tres años después en México. Si en José Trigo se esmeró en enriquecer el lenguaje con todo tipo de vocablos y dichos, en sus siguientes novelas se propuso trabajar con las imágenes.

Del Paso ha escrito que a los 27 años sufrió su primer cáncer. Le afectó el testículo derecho, lo que se tradujo en radiaciones en la zona púbica, los pulmones y el estómago. En el hospital leyó La tumba sin sosiego, de Cyril Connolly, que firmó con el seudónimo “Palinurus”.

Palinuro, el piloto de la nave de Eneas en La Eneida, se queda dormido, cae al mar y, cuando logra llegar a la costa, en el cabo italiano de Palinurus, lo asesinan para robarle la ropa. Esta historia le sirvió de inspiración para crear al protagonista de su novela, un estudiante de medicina que en 1968 se une al movimiento estudiantil y muere tras recibir una paliza en el Zócalo.

“Quizás hasta Palinuro me enfermó de tanta enfermedad que investigué y describí, o tal vez me salvó porque ya estaba yo enfermo desde antes”, escribió Del Paso, quien tras sufrir tres infartos cerebrales, hoy tiene dificultades para hablar y caminar.

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¿Qué le satisface más de su obra?

Yo no soy Palinuro. Pero en Palinuro de México recuperé una gran parte de mi infancia y de mi adolescencia. No es un libro autobiográfico. Pero es el libro de lo que pude ser y de lo que podría ser. Por eso es el libro que más me satisface.

Al pensar en sus tres grandes novelas, y en su trilogía Bajo la sombra de la historia. Ensayos sobre el Islam y el judaísmo, surge la duda de si Del Paso es el más ambicioso de los escritores mexicanos.

“Diría que es ambicioso en el sentido de curioso, acucioso, erudito”, afirma Carmen Álvarez Lobato. “Es un lector voraz que vuelca un sinfín de datos en todos los géneros que ha cultivado: novela, cuento, poesía, ensayo, periodismo, teatro, literatura infantil, textos sobre cocina… Lo ambicioso en Del Paso es cómo aspira a traducir esos datos en poesía, en literatura, en movimiento, en ritmo sostenido”.

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Ni boom ni crack ni nada. Del Paso nunca ha sido clasificado en un grupo literario, y ha permanecido ajeno a mafias y capillas. Pero ha tenido grandes amigos escritores: Rulfo, Arreola, Pacheco, Monsiváis, García Márquez.

“Quizás, sí esté fuera de grupos y generaciones, pero eso seguramente le ha dado una enorme libertad en su escritura. Ha hecho lo que ha querido”, apunta Álvarez Lobato, autora de La voz poética de Fernando del Paso. José Trigo desde la oralidad.

El historiador Miguel León-Portilla, en su respuesta al discurso de ingreso del escritor a El Colegio Nacional, en 1996, recordó que Del Paso conservaba una camisa que dejó olvidada su amigo el poeta José Carlos Becerra, fallecido en un accidente automovilístico en 1970: “Rota y manchada, a veces llena de polvo –nos dice–, la he usado siempre que el desaliento y el pesimismo han estado a punto de vencerme… o cuando me ha abrumado y casi vencido la idea de que ya nada, a nadie tengo que decir”.

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Cuando ingresó a El Colegio Nacional, Miguel León-Portilla dijo que preparaba usted su cuarta gran novela, que sería sobre la guerra cristera, ¿qué fue de ese proyecto?

No cuajó. Mi interés por las religiones me condujo a lo que ahora estoy escribiendo: (la trilogía) Bajo la sombra de la historia. Ensayos sobre el Islam y el judaísmo, texto que naturalmente también habla de la evolución y la involución del cristianismo.

Entre los galardones que Del Paso ha recibido figuran el Premio Xavier Villaurrutia en 1966, el Rómulo Gallegos en 1982, el Mazatlán en 1988, el Nacional de Ciencias y Artes en 1991, el FIL de Literatura en 2007 y el Alfonso Reyes en 2013.

Noticias del imperio, publicada en 1987, fue escogida por un grupo de escritores convocado por la revista Nexos en 2007 como la mejor novela mexicana de los últimos 30 años.

Cuenta la historia del Segundo Imperio, la tragedia de Maximiliano, la locura de Carlota, su enorme fracaso.

En 1991, el investigador austriaco Michael Roessner acuñó el concepto “realismo loco o lo real maravilloso europeo” en un ensayo sobre Noticias del imperio, como contrapunto irónico al “realismo mágico”.

“Obviamente, la perspectiva de la ‘loca’ Carlota desempeña un papel parecido a la perspectiva ‘indígena’ o ‘afroamericana’ en los libros de Asturias, Carpentier o Rulfo. Pero ¿fue una renovación del género? No sé. La ‘nueva novela histórica’ sigue otros caminos, tal vez paralelos, con la subversión de la historiografía tradicional y la intersección de periodos históricos, como en Los perros del paraíso, de Abel Posse”, explica vía correo electrónico el profesor de la Universidad de Munich.

Europa aparece en Noticias del imperio como surgida de un cuento de hadas, escribió Roessner. Los papeles se invierten: Maximiliano y su corte carecen de sentido de la realidad, mientras que Benito Juárez es racionalista, pragmático y, al final, vencedor. Es por esto, agrega, que la novela marca una etapa decisiva en la “descolonización espiritual” del subcontinente, y recupera la igualdad en el terreno literario.

La versión contada por Del Paso no coincide con la historiografía tradicional, y en eso radica su valor, plantea Roessner.

“La historia de Maximiliano está hecha de malentendidos y problemas de traducción cultural”, señala. “Lo bueno del libro de Fernando del Paso para Centroeuropa es exactamente esta no coincidencia, la apertura de un proceso de negociación en el sentido de Homi Bhabha, una negociación de versiones divergentes y opuestas que se lleva a cabo en un tercer espacio”.

Nadie posee la verdad histórica, agrega, por eso la meta no es alcanzar una solución ideal o utópica.

“Esta nueva visión de Europa puede impulsar un cambio en la identidad colectiva de los pueblos latinoamericanos, ahora que América Latina ha pasado un poco de moda. Ya no hay tantos dictadores contra los que organizar un movimiento de solidaridad internacional; el interés mundial se ha desplazado hacia la amenaza del fundamentalismo islámico y el poder creciente de China, y la globalización ha unificado la cultura según el modelo estadounidense en muchos países”.

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¿Qué ocurrió en la vida de Fernando del Paso para que se mudara de la novela al ensayo?

Mi amor a la historia es evidente desde José Trigo, se acentúa en Palinuro de México y triunfa rotundamente en Noticias del imperio. En otras palabras, no se trató de un cambio brusco o de una súbita aparición.

En el primer volumen de Bajo la sombra de la historia, escribió sobre el peligro que representaba para la democracia el crecimiento del Islam en Occidente. ¿Son los actos brutales del Estado Islámico la confirmación de ese temor?

Sí. Los que creemos que el Islam es un peligro somos los mismos que sabemos a qué extremos tan despiadados ha llegado el Occidente en defensa de sus creencias religiosas, y tememos la repetición de la barbarie.

¿Qué gobierno desea para México? ¿Hay algún partido político en el que confíe?

Un gobierno leal al pueblo que se aleje para siempre de la corrupción y recuerde que la mayor parte del pueblo es indígena. Todavía no existe un partido político en el que pueda confiar del todo.

Sé que usted no es creyente, pero al mismo tiempo varias veces ha superado problemas graves de salud. ¿Dónde está depositada su fe?, ¿en qué cree?

Yo creo en la libertad del hombre… y de la mujer. En los momentos difíciles de mi vida confío en la suerte, nada más.

Reforma, 29 de marzo de 2015