Leonardo Padura:
‘¿Dónde está el ron?’

“¿Dónde está el ron?”, cuenta Leonardo Padura que le dijo el Conde cuando supo, a las 4:45 horas de ayer en La Habana, que se había convertido en el primer escritor cubano ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras.

“Yo nunca pienso que los premios honoríficos son alcanzables”, afirma Padura en entrevista telefónica. “Que el jurado haya decidido optar por tu trabajo es una satisfacción enorme, pero uno sabe que pudo no haber llegado nunca”.

El nostálgico ex policía Mario Conde, su personaje fetiche, protagonista de ocho de sus novelas, desde Pasado perfecto hasta Herejes, dio proyección internacional a una obra que, según el ensayista cubano Rafael Rojas, se inscribe en la tradición realista, y surge del ejercicio profesional del periodismo y la crónica.

“Lo que distingue a Padura dentro de su generación, y frente a la anterior, es que ha logrado incorporar esa tradición realista al contexto del mercado global del libro, por medio de una mayor autonomía, un mejor conocimiento del oficio y mensajes más claramente críticos”, señala el investigador del CIDE.

Para el escritor cubano, el galardón reconoce a la novela negra como un género capaz de expresar, con calidad literaria, la realidad de un país, un empeño al que se han sumado autores como Paco Ignacio Taibo II, Petros Márkaris y Andrea Camilleri.

“Desde hace años hemos tratado de hacer una novela policiaca social con un alto vuelo estético”, sostiene Padura, quien el 9 de octubre cumplirá 60 años, y el 23 de ese mes recibirá el Princesa de Asturias, dotado con 56 mil 500 dólares.

Lamenta que tantos dólares no le alcancen para cambiar su Subaru, que conduce desde hace 18 años. “Para comprarme un automóvil nuevo en Cuba necesito un cuarto de millón de dólares, así que tendré que seguir con el viejito, que es muy fiel y lo quiero mucho”.

Cuba se encuentra en un momento político de gran visibilidad, en el centro de muchos intereses económicos, acepta, pero confía en que su galardón no se deba a consideraciones extraliterarias. Rojas asegura que es un reconocimiento a la eficacia indiscutible del autor, pero también a lo que significa su literatura actualmente en la isla.

“En ese sentido, considero la decisión acertada, ya que si hay un escritor dentro de Cuba que ha sabido defender la idea de la literatura como profesión, ha sido Padura. Simboliza una literatura que se desprende de los controles ideológicos y estéticos del Estado y se abre al mercado sin perder calidad y sentido crítico. Se trata, por tanto, de un premio oportuno”, agrega.

El escritor cuenta que asume la literatura como un reto. Empieza temprano a trabajar, y hacia el mediodía, cuando siente que el texto fluye sin dificultad, sabe que es el momento de parar.

“Soy un autor que escribo, reescribo, y vuelvo a revisar, a pulir”, explica Padura, quien se apoya en un grupo de amigos lectores –la primera es Lucía, su esposa–para resolver sus limitaciones: “Todo lo que he logrado se lo debo al esfuerzo, escribir nunca es fácil”.

Padura no sufre por lectores. Considera “invaluable” haber ganado varias veces el premio que otorga la red nacional de bibliotecas en Cuba al escritor más leído, y le regocija que, según le han contado, el empresario mexicano Carlos Slim acostumbre regalar a sus amigos ejemplares de su novela El hombre que amaba a los perros.

Martín Solares, gerente editorial de Tusquets México, firma que publica al autor, destaca el hecho de que, a diferencia de otros narradores cubanos, no haya buscado resaltar el lado turístico de la isla.

“Padura se ha propuesto, con un enorme valor, disipar todo tipo de espejismos que impidan exponer claramente el desencanto que ha sufrido la generación de cubanos que creyó en los ideales de la Revolución”, señala el editor, quien informa que este mes ha comenzado a circular un volumen de cuentos del autor inscrito en la geografía habanera: Aquello estaba deseando ocurrir.

Desde Mantilla, su barrio de toda la vida, Padura adelanta que será hoy cuando celebre con sus amigos, como lo haría el Conde, la distinción del Princesa de Asturias, pero con vino tinto, advierte, nada de ron.

Reforma, 11 de junio de 2015

Rescata Padura a generación sin fe

No es su álter ego, pero parte de su sangre y sudor le pertenecen. El personaje del investigador Mario Conde comparte con su hacedor, el escritor cubano Leonardo Padura, la amistad como valor supremo, el gusto por el béisbol, la dependencia nicotínica –no así por el alcohol–, el amor por los perros callejeros…

“Y sobre todo, la nostalgia adquirida: esa sensación de que en un pasado hubo algo que nos perteneció y se esfumó. Por eso Conde, como yo, es un ‘recordador’”.

El Conde, protagonista de la tetralogía “Las cuatro estaciones”, vuelve a las andadas en La cola de la serpiente (Tusquets), una novela que transcurre, como las anteriores, en 1989, el año de la caída del comunismo europeo, que presagia la crisis económica e ideológica en Cuba.

El personaje forma parte de una generación desencantada, la de Padura, que creció creyendo en un futuro luminoso, revolucionario, que nunca llegó. Una generación que “perdió la fe y también los pedestales”, que vio partir a sus hijos de Cuba, tuvo que cambiar su profesión por oficios precarios, y acabó por buscar refugio en los orishas africanos. Ahí están, como muestra, los amigos del Conde: el Flaco Carlos, a quien una bala perdida dejó paralítico en la guerra de Angola; Andrés, que dejó la isla por Estados Unidos, o Candito el Rojo, que optó por abrazar la causa de Dios.

“Todo el ateísmo científico que nos inculcaron fue devorado por las crisis y las desesperaciones entre las que, muchos de los que conozco, se han frustrado o han emigrado. O sueñan, simplemente, cómo hacer dinero… y despiertan aterrorizados”, dice el escritor.

Los cambios recientes que se han producido en Cuba no son sólo económicos, subraya, abarcan también la retórica política, que habla ahora del “dogmatismo del partido”, y las escalas sociales, con “empresarios” que pueden ganar legalmente más dinero que un ministro del gobierno.

“Es un movimiento que me parece irreversible, bajo una máxima no expresada pero evidente, de hacer de la eficiencia en la economía un arma política, y no como ocurría antes, de haber hecho de la economía una dependencia de las exigencias políticas. Y ese es un gran cambio”.

* * *

Padura cierra el 2011 convertido en el primer cubano que recibe el prestigioso Premio Roger Caillois por El hombre que amaba a los perros, la narración del asesinato de Trotsky por Ramón Mercader que le mereció también el Premio de la Crítica en Cuba. La filmación de esta historia, avanza, está próxima a concretarse. “Así que quizás me veas por Coyoacán pisando las huellas de Trotsky, Mercader, Diego y Frida…”.

La cola de la serpiente es el resultado de una historia que lo persiguió durante 15 años, y que ha sufrido diversas transformaciones desde que publicó su primera versión en Cuba en 1998. “Tuve que escribir desde el presente como si me hubiera movido al pasado”, explica, ya que el Conde recuerda muchos años después de los hechos el asesinato de Pedro Cuang en el Barrio Chino de La Habana.

En el marco de la tetralogía, la historia se ubica después de Pasado perfecto y Vientos de cuaresma. “El hilo conductor del personaje está relacionado con la concientización de su labor y situación como policía, y una creciente, dolorosa inconformidad, que lo llevará a la liberación y la renuncia, unos meses y dos novelas después (Máscaras y Paisaje de otoño). Si lo miras con cuidado vas a preguntarte, como él, por qué rayos es policía. Porque es lo más alejado espiritualmente de un policía”.

Por eso, en La neblina del ayer, que transcurre en 2003, aparece un Conde “más verdadero”, dedicado ahora al comercio de libros. Más allá de sus vicisitudes, dice, el personaje le ha permitido hacer una crónica íntima de la vida cubana, en un arco que, en su octava entrega, abarcará ya 20 años, pues la historia de Herejes –que actualmente escribe– ocurre en 2008, con un Conde de 54 años que planea, ahora sí, casarse con su amor de siempre, Tamara.

“Ahí encontrarás una juventud cubana muy distinta y distante de la que aparecía en las novelas ubicadas en 1989. Sólo Conde y su mundo mantienen algo de inalterable, cerrado, casi carcelario. Él y sus amigos tratan de crearse una muralla mental para no perderse a sí mismos. Fuera sigue el caos y el movimiento, que a veces es hacia delante, a veces hacia atrás”.

Jóvenes que, a diferencia de su generación, consumen drogas, aunque el Gobierno cubano ha sido muy estricto en su control. “Si existen datos, no los conozco, pues en Cuba hay muchas cosas que se manejan en secreto. Quizá demasiadas… Y aunque hay consumo, sólo resultaría alarmante en comparación con cuando yo era estudiante. A nosotros nos bastó con el ron”.

Barrio chino sin chinos

Una investigación sobre el Barrio Chino de La Habana que publicó en Juventud rebelde en 1988 es el origen de La cola de la serpiente, que tiene como centro dramático la soledad y el desarraigo, explica Leonardo Padura.

“Aunque no eran físicamente agredidos, (los chinos) nunca se asimilaron, siempre se sintieron desarraigados, y pagaron el precio terrible de la soledad”.

Sobre el rescate iniciado por el Gobierno cubano en la década de 1990, dice que algunas calles del barrio han revivido como postal turística y negocio gastronómico, pero abundan los lugares con “chinerías” falsas y de mal gusto, con excepción del Casino Chung Wah, fundado en 1893.

“En cualquier caso, es un barrio chino de cartón piedra, porque su esencia fue tragada por el tiempo y la historia. Es un barrio chino sin chinos”.

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Nombre: Leonardo Padura

Lugar y fecha de nacimiento: La Habana, 1955

Obra: Bautizado como “el Dashiell Hammett de La Habana” por su tetralogía del investigador Mario Conde —Pasado perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1993), Máscaras (1997) y Paisaje de otoño (1998)–, retoma el personaje en Adiós, Hemingway (2003), La neblina del ayer (2005) y La cola de la serpiente (2011). Su premiada novela El hombre que amaba a los perros (2009) lo confirmó como el autor más leído en Cuba.

Reforma, 13 de enero de 2012