Margit Frenk:
Imparable a los 90 años

A los 90 años, que cumplirá el 21 de agosto, la filóloga Margit Frenk está imparable. “Sigo siendo una maniática del trabajo”, confiesa la estudiosa de la antigua lírica popular hispánica.

Jubilada desde 1980, el retiro no entra en sus planes: imparte en la UNAM un seminario sobre El Quijote y continúa avanzando en sus proyectos de investigación, aunque lentamente, debido a la degeneración macular que afecta sus ojos desde hace años.

“Siento un poco la prisa de continuar haciendo investigación mientras aún pueda leer porque este padecimiento conduce a la ceguera. Eso hace que todo el tiempo esté clavada en la computadora, cuando debería salir, moverme más”, afirma Frenk, quien se declara contenta por el homenaje que el INBA le ha organizado el día 18, a las 19:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Margit Annemarie Frenk Freund, nacida en Hamburgo, llegó con 4 años de edad a Veracruz, en abril de 1930, junto a sus padres, Ernesto, médico general, y Mariana, traductora, y su hermano mayor, Silvestre.

Desde niña componía canciones, tocaba la guitarra, coleccionaba refranes. En diciembre de 1937, la familia visitó Alvarado y Tlacotalpan, en Veracruz, y Frenk dedicó a un guapo mesero su primer corrido. “Que conste que tenía 12 años”, dice entre risas. “Todavía recuerdo la música y algunas estrofas: ‘Cuando al fin me despedí/ y nos vimos a los ojos/ luego luego me volteé/ pues tenía los ojos rojos’”.

Estudió Letras Españolas en la UNAM, una experiencia “poco feliz” por el bajo nivel de la carrera, pero su tema de tesis, La lírica popular en los Siglos de Oro, marcó su futuro. “Fue un descubrimiento maravilloso. Decidí que eso quería hacer en la vida: ser investigadora”.

Mientras estudiaba la maestría en la Universidad de California en Berkeley, se preguntaba por el futuro. Judía laica, el antisemitismo que vivió de niña le hizo marcar distancia con Alemania. En ese lejano 1948 no sentía aún que México fuera su país. Pero eso cambió tras pasar el verano en El Colegio de México –“aquí es donde quiero estar, me dije”–, y conocer a su futuro marido, el filólogo Antonio Alatorre.

Guarda todavía las cartas que le enviaba de novio; “muy locas, muy dulces, muy todo”, ha escrito Frenk. Se casaron el 27 de marzo de 1949 y se divorciaron 26 años después. La decisión sorprendió a sus amigos, para quienes formaban una pareja ideal.

“Nos unían muchísimas cosas. Ambos trabajábamos sobre literatura del Siglo de Oro español: él la poesía culta, yo la poesía popular”, recuerda. “De esos 26 años, 19 fueron para mí maravillosos, ya después la cosa se empezó a ir para abajo. En un texto (de homenaje al investigador, fallecido en 2010) me refiero a la melancolía del final, pero también digo: después de todo, ¿quién me quita lo bailado? Nadie”.

Otra cosa que los unió, afirma, fue la música. Ambos formaron el Grupo Alatorre, junto a Enrique –hermano del filólogo– y su esposa Yolanda. Su debut fue en 1956, en el Teatro del Caballito, en la primera temporada de Poesía en Voz Alta. Grabaron un LP, Canciones españolas del Renacimiento, con 27 temas que han sido remasterizados por el Colmex, cuenta la coordinadora de Producción, Gabriela Said, para un tiraje de mil discos compactos que serán regalados por la institución en octubre, al cumplirse su 75 aniversario.

“Estoy cantando todo el tiempo”, dice Frenk. Una disfonía espasmódica terminó con su voz de soprano, pero desde que despierta surge la música en su interior: “Tengo la cabeza llena de melodías”.

La pareja tuvo tres hijos: Silvia, Gerardo y Claudio, de cuyo cuidado se encargó Frenk. “Creo que no he sido una madre muy buena. Alguien que está trabajando todo el tiempo quizá no es la mamá ideal”, señala. “Nunca, que yo recuerde, ayudábamos a los hijos a hacer tareas”.

La académica ha construido su obra con paciencia. Para su Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a XVIl) comenzó a tomar notas en 1951, y la primera edición se publicó en 1987, mientras que los cinco volúmenes del Cancionero folklórico de México (1975-1985) aparecieron tras coordinar durante más de dos décadas un equipo de colaboradores.

Entre la voz y el silencio, el libro sobre la lectura en voz alta, es quizá del que me siento más orgullosa, confieso. También lo estoy de mi discurso de entrada a la Academia Mexicana de la Lengua (en noviembre de 1993), que se llamó ‘Charla de pájaros’”.

Adelanta que, en septiembre, el FCE publicará un nuevo volumen dedicado al clásico de Cervantes: ¿Don Quijote muere cuerdo?, y otras cuestiones cervantinas. Al Quijote hay que leerlo, dice Frenk, con mucha atención y una gran entrega, haciéndose preguntas, como si se tratara de una labor detectivesca. “A veces dos palabritas, una, revelan muchísimo”, afirma.

Además de estar “volcada” en El Quijote, trabaja en la introducción de El cancionero poético de Gaspar Fernández. De origen guatemalteco, fue maestro de capilla en Puebla. La obra, con cerca de 300 composiciones, se conserva en la Catedral de Oaxaca. Conocido hasta ahora como un libro de música polifónica, Frenk lo editará como antología poética.

“Con decirte que hay 15 poemas maravillosos de Lope de Vega. Son villancicos religiosos, básicamente para Navidad y Corpus Christi”, explica. “He logrado identificar a los autores de 58 poemas, y completarlos; entre corchetes, claro. Los músicos siempre cortan el texto, les da flojera copiarlo entero, por eso en el cancionero están incompletos”.

Un deseo incumplido, afirma, es haber sido escritora, autora de ficción. “Tengo por ahí algunos poemitas, pero son muy esporádicos”. Cuenta que no ha querido publicarlos, que los escribió por gusto, pero también por necesidad.

Algo que la tiene asombrada, cuenta, es su capacidad de enojo. Una rabia que antes no sentía. No se explica por qué, pero ocurre. “Me enojan las injusticias, muchísimo, y también las trampas”.

En los momentos de descanso, disfruta su jardín, que ha convertido en escenario de su nueva aventura. Esta vez física, no intelectual. Hace una semana tomó aquí su primera clase de tai chi.

‘Siempre joven de espíritu’

El filólogo español Francisco Rico recuerda a su colega Margit Frenk hace apenas una década, como asistente a un curso que dirigía.

“Es imposible no apreciar su entusiasmo”, dice sobre la académica, quien parecía más dispuesta a aprender que los estudiantes que la rodeaban. “¡Admirable, siempre joven de espíritu, querida Margit!”.

El lingüista Luis Fernando Lara destaca su sólida formación filológica. “Como profesora ha sido brillantemente clara, explícita, muy exigente”, señala el investigador del Colmex, quien subraya el rigor de obras como Las jarchas mozárabes y los comienzos de la lírica románica y el Cancionero folklórico de México.

“Claro que su labor fundamental ha sido la dedicada a la antigua lírica popular”, agrega Rico, “pero cuántas páginas hermosas no ha escrito aún recientemente sobre el Lazarillo y el Quijote”.

Reforma, 14 de agosto de 2015