Julia Pastrana: Quieren traer a ‘mujer mono’

Julia Pastrana, la Indescriptible, llegó en 1857 a Londres precedida por el asombro que había despertado en las ferias de Estados Unidos y Canadá. Su cuerpo cubierto de vello oscuro y una mandíbula simiesca hizo a algunos científicos pensar que en su 1.37 metros de estatura palpitaba un híbrido de humano y orangután.

La indígena sinaloense arribó a Inglaterra junto a su empresario, y futuro marido, Theodore Lent. Para halagarlo, Pastrana se esforzaba en su papel de “monstruo”. Cantaba con voz de mezzo-soprano, tocaba la guitarra y se refería con ligereza a la veintena de pretendientes que había desairado en América.

De gira por Moscú, el 20 de marzo de 1860 dio a luz un niño que heredó su enfermedad y murió a las 35 horas de nacido; ella falleció cinco días después del parto. El empresario hizo un espectáculo de su agonía. Cobró a los aristócratas rusos que rodearon su lecho y aseguraron oírle decir: “Muero feliz; sé que he sido amada por mí misma”.

Lent ideó entonces una macabra forma de conservar su fuente de ingresos. Autorizó que los cuerpos de Pastrana y de su hijo fueran embalsamados, y después los exhibió durante más de una década en los principales circos europeos. Su explotación habría de prolongarse más de un siglo. Tras la muerte del empresario, los cuerpos pasaron de un dueño a otro, hasta que en 1973 tuvieron su última gran gira por Suecia.

Hoy, la vida de Pastrana podría considerarse una tragedia, reconoce uno de sus biógrafos, el noruego Lars O. Toverud, pero en el siglo 19 quienes nacían con deformaciones eran asesinados o condenados a morir en asilos. “De modo que Julia fue probablemente afortunada de conocer a gente como Lent, porque la alternativa hubiera sido mucho peor”.

Pastrana y su hijo fueron guardados en una caja por su último “propietario”, el noruego Bjorn Lund, en una camioneta ubicada en un recinto ferial cercano a Oslo. En 1979, la Policía recibió el aviso de que unos niños habían encontrado un brazo momificado en un basurero; al seguir la pista, dio con Pastrana, y sin notificar a Lund, llevaron al Instituto de Medicina Forense lo que quedaba de ella: el rostro apergaminado, ya sin barba, y un cuerpo desnudo en gran parte artificial, ya que al embalsamarla sus extremidades fueron rellenadas para que no se encogieran.

El 24 de abril de 1997, el periódico Dagbladet publicó que existía una “propietaria legítima” de Pastrana, avalada por la Asociación de Hospitales del Estado, una mujer noruega que deseaba enterrarla en México. Un año antes, tras una serie de debates, el Ministerio de Educación, Investigación y Asuntos Eclesiásticos había establecido que el cuerpo de la indígena debía conservarse por razones de interés científico.

La mujer más fea del mundo pasó a formar parte de la Colección Schreiner del Departamento de Anatomía del Instituto de Ciencias Médicas Básicas de la Universidad de Oslo, junto con 8 mil esqueletos y restos óseos pertenecientes, la mayoría, a la época de los vikingos y la Edad Media. La misteriosa mujer noruega no volvió a aparecer.

Laura Anderson Barbata llegó a Oslo en julio de 2005 con una beca de la Office for Contemporary Art Norway (OCA) y comenzó a hacer preguntas. “Quería entender por qué mantenían a Julia en una especie de limbo”, cuenta la artista mexicana. “Ni era sujeto de investigación ni había sido enterrada”.

Pastrana es considerado el primer caso reportado en la literatura médica de una rara combinación de hipertricosis generalizada congénita terminal con hiperplasia gingival. Debido a este trastorno genético tenía el cuerpo cubierto de vello, largas patillas y barba, y una boca con encías hipertrofiadas que le daban aspecto de simio.

Anderson Barbata logró en 2008 que el Comité Nacional de Ética para la Investigación de Restos Humanos abriera en Oslo un expediente sobre el caso de Pastrana. Sus integrantes reconocieron que durante los 12 años que llevaba en la colección, ninguna institución científica había solicitado estudiar sus restos.

Per Holck, responsable de la colección, confirmó el pasado viernes que hasta esta fecha no se ha realizado ningún estudio con el cuerpo de Pastrana. “En teoría, es posible obtener tejido para realizar pruebas de ADN. Sin embargo, no está previsto todavía”, dijo el antropólogo físico.

El Comité aseguró en 2008 que “si Julia Pastrana deseaba ser enterrada en México con una ceremonia católica”, considerarían “seriamente” ese factor. Ante la imposibilidad de hallar parientes de Pastrana, debido a que se desconoce su origen, Anderson Barbata confía en encontrar un acta de bautismo o de primera comunión que justifique la devolución del cuerpo por razones morales.

“Quiero que Julia regrese a casa físicamente, enterrarla, y también conceptualmente, en la memoria de la gente”, dice la artista visual, quien prepara un espectáculo multidisciplinario sobre la vida de Pastrana, y quien durante su estancia en Oslo organizó una misa en su memoria. “Fue como decir: ‘aquí estoy, quiero ver por ti, me comprometo’”.

“Hay muchas cosas de Julia que se desconocen y nunca se sabrán”, dice Toverud, coautor con Christopher Hals Gylseth de Julia Pastrana. The Tragic Story of the Victorian Ape Woman. Se ignora su lugar de origen, su infancia y quiénes pudieron ser sus parientes, pero existen testimonios de que fue bautizada.

Las fuentes coinciden en que se crió como sirvienta en la casa del gobernador de Sinaloa Pedro Sánchez, pero no queda claro cómo llegó a Estados Unidos. Jan Bondeson, otro de sus biógrafos, escribe que el norteamericano M. Rates la convenció para que se exhibiera por dinero, pero un artículo del historiador sinaloense Ricardo Mimiaga ofrece otra versión, hallada en las memorias de Ireneo Paz.

Mimiaga asegura que fue comprada por Francisco Sepúlveda, administrador de la Aduana Marítima de Mazatlán, y una vez que llegaron a Nueva York en 1854, su intérprete, el estadounidense Theodore Lent, la cortejó y convenció para que se casaran, asumiendo así el control de su vida.

“Hasta donde sé”, dice Toverud, “sus restos son tratados con dignidad, y tal vez algún día, la medicina moderna encuentre la forma de beneficiar con ella a la ciencia. En muchos sentidos , creo que ahora (Julia) pertenece a la historia”.

El comité noruego, quien calificó en 2008 como “aceptable” el espacio donde es conservado el cuerpo, consideró también que el consentimiento es un requisito ético fundamental para la investigación en restos humanos. Anderson Barbata recuerda que esto no se cumplió en el caso de Pastrana, quien continúa prisionera en Oslo, como lo estuvo en vida y después de su muerte.

Sin descanso

La explotación de Julia Pastrana no cesó con su muerte. Su cuerpo fue exhibido durante más de un siglo.

1834

Nace Julia Pastrana en Sinaloa. Era indígena, pero se desconoce su lugar de origen. De niña es llevada a la casa del gobernador Pedro Sánchez, donde se cría como sirvienta.

1854

En abril deja la casa del gobernador. Anunciada como la “Maravillosa híbrido o mujer oso”, comienza a exhibirse en diciembre en el Gothic Hall de Nueva York. Viaja a ciudades como Cleveland, Baltimore y Boston, y se presenta en Canadá.

1857

La Indescriptible llega a Londres en julio. Se casa con el empresario Theodore Lent. En su espectáculo canta en inglés y español, e interpreta los bailes de moda. Marcha de gira a Alemania. En Leipzig, los médicos recomiendan a las embarazadas no verla, porque podrían abortar o tener hijos como ella.

1858

Viaja a Viena. Recorre de nuevo Alemania. Visita Polonia. Es examinada por médicos que confirman su naturaleza de mujer.

1860

Triunfa en Moscú. Embarazada de Lent, el 20 de marzo da a luz a un niño que hereda su enfermedad y muere a las 35 horas de nacido. Fallece el día 25 a causa de una metroperitonitis puerperal. Lent vende los cadáveres al profesor J. Sokolov, de la Universidad de Moscú, para que sean embalsamados.

1862

Lent compra los cuerpos a Sokolov y, tras serle negado el permiso en Rusia, comienza a exhibirlos en Londres en febrero. Baja el precio de entrada a un chelín, pero amplía el horario de exposición.

1864

El empresario lleva de gira las momias por Suecia. Conoce a una mujer barbuda, con la que se casa y que bautiza como Zedora Pastrana, la “hermana desconocida” de Julia. Exhibe a Zedora junto a Pastrana y su hijo. Durante la siguiente década, firma contratos con los principales circos de Europa, y alquila las momias al Präuscher Volksmuseum de Viena por una renta anual.

1884

Retirado en San Petersburgo, Lent enloquece y es ingresado a un manicomio, donde fallece.

1888

Zedora deja Rusia. Se exhibe junto a Pastrana en la Sociedad Antropológica de Múnich. Un año después, las momias son compradas por el empresario alemán J.B. Gassner, que las vende en 1895 en una convención de circos. Durante los siguientes 25 años cambian varias veces de dueño.

1921

Son adquiridas por el empresario noruego Haakon Jaeger Lund para exhibirlas en una “cámara de los horrores” instalada en un parque de diversiones cercano a Oslo.

1943

Noruega cae bajo las tropas nazis. El hijo del empresario, Hans Jaeger Lund, convence a los alemanes de exhibirlas en una gira por Suecia y donar las utilidades al Tercer Reich.

1953

Las momias son almacenadas en la ciudad sueca de Linköping. En 1959 son exhibidas en una feria agrícola en Oslo. En la década de 1960 son llevadas a una bodega en las afueras de la capital noruega.

1970

Son exhibidas en Noruega y Suecia. Dos años después son llevadas de gira a Estados Unidos.

1973

El obispo de Oslo, Reidar Kobro, pide que los cuerpos sean confiscados y enterrados bajo el ritual católico. Hans Jaeger Lund renta las momias, que son exhibidas por toda Suecia en la que será su última gira. Noruega y Suecia proclaman leyes que prohíben la exhibición de cuerpos humanos.

1976

Bjorn Lund, heredero de Hans, decide conservar las momias. En agosto, unos ladrones entran en Oslo a la camioneta donde está la caja con Julia y su hijo. Dañan su cuerpo y arrojan al niño a una zanja, donde es devorado por ratones. Tres años después, Julia Pastrana desaparece. Se cree que ha sido robada y destruida.

1990

Una investigación revela que el cuerpo de Pastrana se encuentra en el Instituto de Medicina Forense de Oslo.

1994

En noviembre, el Colegio Académico de la Universidad de Oslo debate sobre el destino de Pastrana. Dos años después, el Gobierno noruego decide conservar su cuerpo. Establece que sólo podrán tener acceso a Pastrana quienes demuestren un “legítimo interés científico”. Pasa a formar parte de la Colección Schreiner de la Universidad de Oslo.

Razones morales

El Comité Nacional de Ética para la Investigación de Restos Humanos es un órgano consultivo, no legalmente vinculante.

El hecho de que Julia Pastrana deseara ser enterrada en México en una ceremonia católica es un factor que será tomado en cuenta.

Reforma, 31 de octubre de 2011

Hay que exhibir a Pastrana.- Bartra

Para Roger Bartra, enterrar a Julia Pastrana significaría condenarla al olvido. El gran estudioso del mito del salvaje europeo propone exhibirla en una exposición en el Museo Nacional de Antropología, de la que encantado aceptaría ser el curador.

“Un caso tan transparente de machismo, de racismo, hay que mostrarlo, para aprender cómo era esa sociedad, que es de donde venimos”. El cuerpo de la indígena sinaloense es valioso como testimonio del mito del salvaje, dice Bartra. “Pero sus restos en sí mismos no tienen importancia”.

El cuerpo embalsamado de la Indescriptible permanece desde 1996 en la Colección Schreiner de la Universidad de Oslo por decisión del Gobierno noruego, después de haber sido expuesto durante más de un siglo en ferias y circos de Europa y Estados Unidos, primero por su empresario y marido, Theodore Lent, y después por sus distintos propietarios.

Los restos de Pastrana no son expuestos al público en Oslo. El cuerpo se conserva en condiciones “aceptables” y, según el responsable de la colección, Per Holck, es tratado con dignidad. Desde que el Ministerio de Educación, Investigación y Asuntos Eclesiásticos noruego estableció que sólo podrían tener acceso a la Indescriptible quienes demostraran un “legítimo interés científico”, nadie ha solicitado su estudio. Tampoco se le han tomado muestras de ADN ni se ha investigado cómo fue embalsamada. “No sabemos nada sobre la técnica que se utilizó”, dice Holck.

Pastrana, encarnación de la “mujer salvaje” del siglo 19, padecía una rara combinación de hipertricosis generalizada congénita terminal con hiperplasia gingival. “Desde el punto de vista de la patología”, considera el antropólogo, “no creo que sus restos tengan interés. La hipertricosis ya se sabe cómo funciona y también el problema que sufría en las encías”.

Lo que queda de Pastrana es su cuerpo, ella misma, subraya, y en eso radica su fuerza para denunciar la mentalidad racista y colonial que había en la actitud hacia el monstruo. Exhibirla en su contexto permitiría rescatar su historia y reivindicar su figura.

Enterrarla, como propone la artista mexicana Laura Anderson Barbata, es una solución políticamente correcta, pero se traduciría en un rápido olvido, como ocurrió con el “Negro de Banyoles”, un bosquimano disecado que tras ser exhibido durante 80 años en el Museo Darder de esta localidad catalana, fue “repatriado” a Botswana. Enterrado con grandes honores en el 2000, su tumba se encuentra hoy abandonada y llena de basura.

“No creo en la resurrección de los muertos ni tengo una mirada religiosa hacia los restos humanos”, aclara el sociólogo político. “Me interesa su simbología, no la actitud moral o ética de ocultarlos y darles cristiana sepultura”.

Si Pastrana manifestó el deseo de ser enterrada en México con una ceremonia católica, habría que respetarlo, pero Bartra duda que existan testimonios que lo confirmen.

En El mito del salvaje (FCE, 2011), obra que reúne los dos libros que ha publicado sobre el tema: El salvaje en el espejo y El salvaje artificial, Bartra incluye a Pastrana en su clasificación de los seres que poblaban los freak shows. Además de los enfermos de hipertricosis, como era su caso, entre los que figuraban también “hombres lobo” y “mujeres barbudas”, estaban los microcéfalos, anunciados como especímenes de razas extintas, y los indígenas, con y sin anormalidades físicas, presentados como caníbales y salvajes exóticos.

“Los más famosos eran los geeks (o falsos salvajes), alcohólicos y vagabundos que para ganarse unos dólares andaban a cuatro patas, se comían un pollo crudo, o arrancaban a mordidas la cabeza de una culebra”.

La fascinación que despertó Pastrana entre los científicos de la época es atribuida por Bartra al auge de la teratología, el estudio de los monstruos.

La “maravillosa híbrido” era un ejemplo del “buen salvaje”, explica, cercana a la animalidad debido a su aspecto, pero con cualidades –su inteligencia y talento artístico– que permitían advertir su bondad primigenia. Al analizar a estos seres, en apariencia “semibestiales”, los científicos buscaban definir si tenían conciencia, alma, si eran realmente humanos.

“Su historia revela el drama interno de la cultura occidental”, señala Bartra. “Esa necesidad de crear a la bestia dentro del hombre, una imagen terrorífica pero al mismo tiempo atractiva, una invención del Otro y la otredad”.

Mito presente

En El mito del salvaje, Roger Bartra revela las sucesivas mutaciones de un ser imaginario y amenazante que ha acompañado como una sombra al hombre civilizado. Un mito de larga duración que en cada época adopta su propia iconografía.

La invención del salvaje permite definir, por contraste, las fronteras de lo civilizado, señala Bartra, quien distingue entre el bárbaro, el Otro que viene de fuera, y ese Otro más peligroso que habita en el interior de la cultura occidental.

“Los salvajes son hoy también seres imaginarios. En el cine hay una presencia constante, como en El planeta de los simios o Avatar”.

Rastrean en Sinaloa su acta bautismal

Si Julia Pastrana fue bautizada, el acta podría hallarse en el archivo parroquial de la Catedral de Culiacán. El historiador sinaloense Ricardo Mimiaga informa que el próximo enero un grupo de pasantes de la Licenciatura de Historia de la UAS iniciará su búsqueda, pero si no aparece en ese fondo las posibilidades de encontrarla serían mínimas, ya que no existen en el estado archivos anteriores a 1870.

Mimiaga apoya a la artista Laura Anderson Barbata en su intento por hallar documentos que justifiquen solicitar a la Universidad de Oslo la devolución del cuerpo de Pastrana por razones morales. “Algunos pensarán qué utilidad tiene, pero se trata de hacerle justicia”.

Nacida en 1834 en un lugar desconocido de Sinaloa, la Indescriptible fue descubierta a los 2 años en brazos de una indígena llamada Espinosa, que según sus biógrafos la habría bautizado. De niña fue aceptada en la casa del gobernador Pedro Sánchez, donde permaneció hasta los 20 años, cuando partió a Nueva York para comenzar a exhibirse en ferias y circos de Estados Unidos y Europa.

Sánchez no dejó memorias o escritos con referencias a Pastrana, y según Mimiaga, si alguno de sus contemporáneos la conoció y dejó algún registro, los documentos podrían estar en bibliotecas de Estados Unidos, ya que era una práctica común que las viudas vendieran los archivos familiares.

Reforma, 23 de noviembre de 2011

Rodea a Pastrana “limbo” legal

La persona, institución o gobierno que reclame el cuerpo de Julia Pastrana deberá ser capaz de demostrar un “interés legítimo” en sus restos, señala el noruego Oddbjørn Sørmoen, titular del Comité Nacional de Ética para la Investigación de Restos Humanos.

En Noruega no existen leyes que regulen la devolución de restos humanos, aclara Sørmoen. En el propio Comité, que en 2008 abrió un expediente sobre el caso de Pastrana, sus miembros todavía no han llegado a una conclusión sobre la posibilidad de que la Indescriptible regrese a México para ser enterrada de acuerdo con su fe católica, como propone la artista Laura Anderson Barbata.

Quien debe definir los pasos necesarios para reclamar el cuerpo embalsamado de la indígena sinaloense es la Universidad de Oslo, responsable de la Colección Schreiner, donde fue depositada en 1996, después de ser expuesta durante más de un siglo en ferias y circos de Europa y Estados Unidos. Desde hace semanas, sus directivos han declinado responder a este medio.

Sørmoen considera que los restos son conservados de una manera responsable. Nadie sin una “muy buena razón” puede tener acceso a Pastrana, e incluso verla. “Pero por otro lado”, reconoce, “no descansa en un lugar sagrado”.

Los restos humanos más antiguos hallados en Noruega proceden del periodo Mesolítico. Son protegidos, al igual que los procedentes de la Edad Media, por la Ley de Patrimonio Cultural. De acuerdo con The Routledge Handbook of Archaeological Human Remains and Legislation, la mayoría de los esqueletos y sepulturas posteriores a la Reforma de 1537, cuando el país adopta la religión protestante, carecen de protección legal.

El Comité que Sørmoen preside es un órgano consultivo. Asesora e informa sobre los aspectos éticos relacionados con la investigación de restos humanos.

“A título personal, resumiendo las cuestiones éticas relacionadas con los restos de Julia Pastrana, diría: ¿Cuál es la razón de conservarlos en la colección si su deceso es conocido y los restos no tienen valor científico? ¿Por qué no darle un entierro católico si eso es lo que ella quería?”.

Entre Samis y vikingos

Kristian Emil Schreiner (1874-1957) es considerado el mayor antropólogo físico del siglo 20 en Noruega. Director del Departamento de Anatomía de la Universidad de Oslo de 1908 a 1945, su apellido da título a la colección que alberga los restos de Julia Pastrana.

La mujer que despertó el asombro en el siglo 19 con su cuerpo cubierto de un vello largo y oscuro y su mandíbula simiesca, forma parte de un acervo que incluye 8 mil esqueletos y restos óseos, la mayoría de la época de los vikingos y la Edad Media. El 15 por ciento procede de la etnia Sami.

Reforma, 24 de noviembre de 2011

Estudian enterrar a la “mujer simio”

Después de permanecer olvidada 15 años en un sarcófago sellado de la Universidad de Oslo, la Indescriptible, Julia Pastrana, reclama la mirada. El Ministerio de Educación e Investigación de Noruega ha solicitado a la institución reevaluar la necesidad de conservar su cuerpo con propósitos científicos, tras concluir que el periodo abierto para una posible investigación ya acabó.

Si los especialistas de la Universidad determinan que no existen razones científicas para que los restos de la indígena permanezcan en la Colección Schreiner, el Ministerio aceptará que sea enterrada, informó a REFORMA el Jefe de Comunicación, Egil Knudsen.

La leyenda sitúa el nacimiento de Pastrana en Ocoroni, municipio de Sinaloa, en 1834. Los únicos datos sobre su origen provienen de los panfletos que se repartían en las ferias y circos de Europa, Canadá y Estados Unidos donde era exhibida como un “maravilloso híbrido” de mujer y orangután.

Quienes la conocieron dejaron registro de su inteligencia y modales de dama, su gracia para el canto y el baile, su figura proporcionada rematada por un rostro simiesco, con una frente peluda y una larga barba. Era tan popular que en 1860, cuando murió en Moscú pocos días después que su hijo recién nacido, ambos fueron embalsamados y expuestos por sus diversos “dueños” durante más de un siglo.

La carta enviada el 10 de febrero a la Universidad, firmada por el director general adjunto del Ministerio, Lars Vasbotten, y el consejero en jefe Erling H. Dietrichson, recuerda que su cuerpo fue conservado para la investigación, y hasta hoy ninguna institución ha solicitado su estudio. No se le han tomado muestras de ADN y se desconoce qué técnica se usó para embalsamarla.

“¿Cómo es posible que en el siglo 21 exista alguien con un nombre y na historia en una colección? Esa es la pregunta”, plantea la artista Laura Anderson Barbata, quien se ha propuesto conseguir el retorno de Pastrana para sepultarla en México (REFORMA 31/10/2011).

Una actitud “misericordiosa” que para el antropólogo Roger Bartra equivale a borrar las huellas del crimen: el racismo, el machismo, el colonialismo y las humillaciones que infligía la cultura del espectáculo en Europa y Estados Unidos en el siglo 19.

“Exhibir los restos de Pastrana en un contexto adecuado”, afirma el estudioso del mito del salvaje europeo, “contribuiría al análisis crítico, acaso científico, pero sobre todo iluminador de los avatares de los seres humanos que fueron expuestos como monstruos para solaz de espectadores que tenían necesidad de experimentar la otredad sin arriesgarse a ningún peligro”.

Para Anderson Barbata, conocer su rostro no es importante. “Se trata de verla de una forma conceptual. Con nuestro intelecto, nuestras emociones, nuestros valores. Ella dirige la mirada porque al verla se abren a la exploración temas como la belleza, la discapacidad, la explotación…”.

La decisión del Ministerio libera a Anderson Barbata de encontrar documentos que justifiquen la devolución del cuerpo de Pastrana por razones morales, para cumplir su deseo de ser enterrada en una ceremonia católica. La discusión se centra ahora en lo científico.

Pastrana es el primer caso conocido en México de una combinación de hipertricosis generalizada congénita terminal con hiperplasia gingival, enfermedades que la convirtieron en una “curiosidad humana” por el negro y largo vello que cubría su cuerpo, y el gran tamaño de su mandíbula.

El dermatólogo Julio Salas, quien desde hace una década estudia los genes relacionados con la hipertricosis en colaboración con el Laboratorio de Genética de la Universidad de Columbia, no encuentra razones científicas para negar el entierro a Pastrana. “Sería necesario tomar muestras de tejido”, afirma. “No creo que haga falta disponer de todo el cuerpo para los estudios”.

Existen nueve síndromes asociados a la producción excesiva de cabello o hipertricosis, explica el médico regiomontano, pero se desconoce la totalidad de los genes involucrados y qué causa la alteración genética.

“No se sabe exactamente qué patrón de herencia tuvo Pastrana porque no conocemos nada de sus padres. Julia lo heredó a su hijo en un patrón autosómico dominante –el padre enfermo transmite el gen alterado–, y creo que ella pudo haber sido una mutación de novo –con padres física y genéticamente normales”.

Salas, quien ha tratado casos similares al de Pastrana, afirma que en esta época el láser de depilación habría sido la mejor arma para combatir su hipertricosis, y la hiperplasia gingival hubiera sido corregida con cirugía reconstructiva.

La voluntad del gigante

En la aldea irlandesa donde Charles Byrne nació en 1761, contaban que sus 2.39 metros de estatura se debían a que fue concebido en lo alto de un pajar. El “gigante irlandés” logró un gran éxito en las ferias, pero efímero. Murió a causa del alcoholismo a los 22 años de edad.

Byrne había convencido a unos pescadores para que arrojaran su cadáver al mar de Irlanda. Pero el anatomista John Hunter frustró sus planes con un soborno de 130 libras. Después convirtió su esqueleto en una pieza de colección que aún se expone al público en el Museo Hunterian del Colegio de Cirujanos de Londres.

Ahora, académicos británicos han solicitado que se permita a Byrne cumplir su último deseo, alegando que ya se le han tomado a sus huesos suficientes muestras de ADN, pero Sam Alberti, director del museo, se niega bajo el argumento de que no existe un testamento ni documentación que avale la voluntad del “gigante irlandés” de descansar en paz.

Otros casos

A lo largo del tiempo se han registrado casos similares al de Julia Pastrana.

  • Barbara Urslerin. Nació en 1629 en Alemania, y desde niña fue exhibida.El anatomista Thomas Bartolin escribió que tenía el “cuerpo cubierto de un vello suave y rubio, y una barba abundante”. Se casó con Johann Van Beck, con quien tuvo un hijo sano. Su rastro se pierde después de una visita a Londres en 1668.

  • Krao. Fue “capturada” por el explorador Carl Bock en Siam (hoy Tailandia), donde nació en 1876. Su empresario, “el Gran Farini”, la adoptó legalmente y la exhibió durante años en los circos de Europa, donde era anunciada como “el eslabón perdido”. Murió a los 49 años a causa de una gripe.

  • Percilla Bejano. Nacida en 1911 en Puerto Rico, de pequeña era exhibida como “la niña peluda” y más tarde como la “mujer mono”. Casada con Emmitt Bejano, “el hombre de la piel de cocodrilo”, tuvieron una hija sana que murió de neumonía. Falleció en 2001 mientras dormía.

Reforma, 27 de febrero de 2012