Resurgen templarios

“Quienes lo deseen, pónganse de rodillas para adorar la espada”, pide Roberto Ángel Molinari, máxima autoridad del Temple en México, un argentino de 43 años que fue escolta de políticos en su país y ahora se asume guardián de la fe católica y de la paz.

Podría ser una misa más en la Iglesia de San Pedrito si no fuera por los pendones de la Orden de los Caballeros Templarios, el arma que descansa frente al altar y los asistentes que, cubiertos con capas, rinden tributo a los “hermanos” guerreros y sacerdotes muertos en las Cruzadas.

El prior magistral ha decidido que la orden “salga del clóset”. Calcula que suman alrededor de 30 caballeros y damas en el País, y cerca de 40 escuderos –menores de edad–, un número que se compensa, dice sin romper su voto de silencio, en que varios son empresarios y militares de alto rango.

Oficialmente, para la Arquidiócesis de México, la orden de los templarios, disuelta por el Papa Clemente V en 1312, no existe, pero según Molinari, acepta que sacerdotes como Javier Ayala les abra a sus miembros su iglesia advirtiéndoles que mantengan “un perfil bajo”.

Desde su constitución en 2004 como asociación civil, la relación del Temple con la Iglesia ha sido como de novios, “te quiero y te odio”, pero el prior ha resuelto que es tiempo ya de tomar la espada.

Acusa a la Arquidiócesis de emprender, sin razón alguna, acciones contra la orden, como haberlos “corrido” del recinto ubicado junto a la antigua Basílica de Guadalupe donde se reunían, y circular un documento afirmando que los templarios son “una mentira”.

“No somos una agrupación religiosa porque la orden está suspendida, pero sí somos caballeros templarios”, sostiene el prior.

Los herederos de las tradiciones templarias, explica, aprenden a cabalgar y a manejar la espada como parte de una regla que incluye la honradez, la obediencia y la lealtad a la orden.

Restituir el honor

Para Fernando Arroyo, fundador de Templespaña, sociedad de estudios medievales que publicó la obra Codex templi (Aguilar), no existen dudas: los 400 grupos en el mundo que se denominan herederos de los templarios, desde organizaciones de derecha hasta satánicas, son farsantes. “Ningún sector de la Iglesia”, afirma, “puede apoyar las pretensiones de quienes se dicen herederos del Temple porque carecen de legitimidad”.

Molinari asegura que en la Iglesia existe el temor de que los templarios recuperen su antiguo poder si El Vaticano accede a revisar el juicio a la orden y decide su rehabilitación, lo que considera cada vez más próximo después de la publicación de las actas originales del proceso y del hallazgo en 2002 del llamado Pergamino de Chinon, expedido por Clemente V en 1308, donde libra de culpa a los miembros del Temple.

“Lo único que queremos es que se restituya el honor de la orden, porque miles (de sus miembros) dieron la vida por la Iglesia. Si la Iglesia le devuelve a la orden el honor que le quitó, moriré feliz”, afirma Molinari, instructor de seguridad que a los 16 años entró a la fuerza aérea argentina y a quien más de un obispo, dice, quiso volver sacerdote sin lograrlo.

La rehabilitación del Temple está próxima, coincide Arroyo, quien lo atribuye en parte a la necesidad de enfrentar con las virtudes o armas de antaño los “nuevos peligros” que se ciernen sobre Occidente, manifestaciones del “Enemigo” entre las que menciona el terrorismo y políticas “aberrantes” como la eutanasia.

El vocero de la Arquidiócesis, Hugo Valdemar, asegura que la Iglesia siempre ha tenido claro que la condena de los templarios fue una decisión injusta, por lo que sería viable su rehabilitación.

Como Molinari, Arroyo fue investido prior por el portugués Fernando Pinto de Sousa, maestre de la Ordo Supremus Militari Templi Hierosolymitani (OSMTH) –una de las dos líneas, junto con la estadounidense, a la que pertenecen los prioratos del Temple–, pero dejó la orden, señala, cuando se dio cuenta de que negociaban con los títulos.

Constituidos como una organización jerárquica, los templarios reciben, conforme suben de grado –en México, de escudero a prior magistral–, nuevos distintivos.

“Algunos templarios, principalmente de la línea estadounidense”, reconoce Molinari, “se han equivocado y cobran por nombrar caballero una dote de 3 mil dólares”.

Pero en México, aclara, sólo se cobra una anualidad de 2 mil 400 pesos para funcionar administrativamente.

Una vez rehabilitado, afirma Molinari, el Temple proyecta establecerse como una orden religiosa con sus propios sacerdotes y miembros formados para cuidar el patrimonio de la Iglesia, lo que Arroyo considera una utopía imposible de cumplir.

“El vigente Código de Derecho Canónico no contempla la creación de nuevas órdenes, y las únicas que la Iglesia reconoce son las históricas ya existentes. Además, una orden religiosa requiere una regula vitae, un modo de vida conventual que dudo asuman quienes comercian con el nombre del Temple”.

Lo que no entiende Molinari es por qué, hoy que su credibilidad “está por el suelo”, la Iglesia no apoya que los templarios sumen fieles a sus filas. “Lo que buscamos es ser mejores personas, con valores morales elevados y disciplina, así de sencillo”.

Asesinato legal

Fernando Arroyo confía en que los documentos del Processus contra templarios aclare el papel jugado por Clemente V en la caída de la orden.

Historiadores como Andreas Beck, que ha calificado el juicio como “el mayor asesinato legal de la Edad Media”, culpan al Papa de no defender a los templarios frente a la codicia de Felipe IV.

Si no dio a conocer el Pergamino de Chinon, donde absuelve a los templarios, fue porque enfrentarse al rey francés hubiera supuesto un cisma en la Iglesia, justifica el fundador de Templespaña. “El Papa hizo lo más inteligente y piadoso: suprimir canónicamente a la orden, pero no condenarla”.

Elio Masferrer discrepa, debido a que la Iglesia solía aparentar prudencia mientras culpaba al poder civil de las calamidades.

“Que se haya encontrado el Pergamino de Chinon no significa nada; simplemente se hizo y luego se dieron cuenta de que políticamente no convenía”, sostiene el especialista en temas religiosos.

Víctimas de la codicia

La Orden de los Caballeros Templarios fue acusada falsamente, en 1307, de herejía e idolatría, por órdenes de Felipe IV, el Hermoso, que buscó sanear con sus bienes las finanzas del reino.

Mitos

Una de las leyendas que rodea a los templarios asegura que eran los custodios del Santo Grial, mito que han alimentado novelas como El Código Da Vinci, de Dan Brown. También se afirma que pudieron haber encontrado el Arca de la Alianza en el Templo de Salomón, y después la ocultaron.

Defensores de la fe

1119. El francés Hugo de Payens asume, junto a un grupo de caballeros, la defensa de los peregrinos que viajan a Jerusalén. Se crea una pequeña comunidad denominada “militia temple”, de la que surgirá la orden.

1128. Es aceptada la regla de la Orden del Temple, redactada por Bernardo de Claraval. Surge como una orden militar con un estilo de vida monástico. Hacen voto de pobreza, castidad y obediencia.

1146-1291. Los templarios, convertidos en guerreros de la Iglesia, combaten en Tierra Santa durante las cruzadas. Se calcula que 20 mil caballeros mueren en defensa de la fe.

1313. La orden es disuelta por el Papa Clemente V, y sus propiedades, transferidas a los hospitalarios. El gran maestre Jacques de Molay es quemado en la hoguera el 18 de marzo; en abril muere el Papa, y en noviembre, Felipe IV.

Reforma, 26 de octubre de 2007