Abren urnas de héroes

“Desde el inicio fue un revoltijo. ¿Qué se puede hacer con restos así?”, pregunta Carmen Saucedo. Es tanta la confusión, que la historiadora cree llegado el tiempo de salir de dudas y establecer si son realmente los héroes patrios los que descansan en la Columna de la Independencia.

En este 2010, año de festejos, las urnas serán retiradas por primera vez desde que en 1925 el Presidente Plutarco Elías Calles las depositó en el monumento, para proceder al estudio de los restos. El propósito, explica la directora general adjunta de Promoción de la Historia de la Comisión Nacional Organizadora de las Conmemoraciones de 2010, es verificar en qué condiciones están los cráneos y huesos y, si los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia lo aprueban, trasladar las reliquias para su exposición a la nueva Galería de Palacio Nacional.

No se puede hablar de plazos, señala, porque antes los gobiernos federal y capitalino deben acordar el retiro de los restos del mausoleo del Ángel de la Independencia, un bien propiedad de la nación que custodia el GDF.

Para Saucedo, es momento de terminar con el misterio que rodea a las reliquias. “Es la obligación de nuestro tiempo. Decir qué hay. Sería la prueba de siglos de incuria. En este país nos echamos a llorar porque le pusieron foquitos a Teotihuacán, pero hemos sido descuidados hasta con lo más sagrado”.

Los huesos de los héroes fueron reunidos con prisa. El 19 de julio de 1823, el Congreso decretó que fueran exhumados en menos de dos meses los restos de 13 “beneméritos de la Patria en grado heroico”, a fin de que pudieran ser depositados en la Catedral Metropolitana el 17 de septiembre.

No se hallaron los restos de Mariano Abasolo, Hermenegildo Galeana y Leonardo Bravo. Los huesos de Pedro Moreno y Xavier Mina fueron enviados en una misma caja. Se exhumaron los cráneos de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y José Mariano Jiménez, pero nunca llegaron sus cuerpos. La osamenta de José María Morelos también fue recuperada, pero no hay registro de cómo arribaron las de Mariano Matamoros, Miguel Bravo y Víctor Rosales.

“Consta que hubo un desorden desde el principio, desde que (los restos) son depositados en Catedral”, señala Saucedo.

Antes de ser llevados desde la Iglesia de Santo Domingo a Catedral, el jefe político de la Ciudad, Francisco Molinos del Campo, separó los huesos. El 17 de septiembre, los “preciosos restos” de los libertadores fueron conducidos en procesión a la Catedral, siendo depositados en la Capilla de San Felipe de Jesús. Tiempo después serían trasladados al Altar de los Reyes… y olvidados.

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Para el antropólogo forense español Miguel Botella, quien ha intervenido en la identificación de restos como los de Cristóbal Colón, es posible que los huesos que descansan en la Columna, custodiados por tres placas de bronce, tengan hongos, debido al abandono y la humedad en que permanecieron durante décadas en la cripta del Altar de los Reyes en Catedral, donde se cree que pudieron mezclarse con los restos del último virrey de la Nueva España, Juan O’Donojú.

“Los hongos son muy destructivos para los huesos”, advierte el especialista. “Son uno de los elementos orgánicos más dañinos, y si están infectados corren peligro. Aquí los tratamos con vapores de fenol, previa limpieza y secado”.

Cuando los restos fueron retirados del Altar de los Reyes en 1895 de la gran urna de madera donde estaban mezclados, después de denuncias de que los albañiles se entretenían jugando con los huesos –y vendiéndolos como reliquias–, fueron lavados, secados al sol dos días y barnizados, lo que pudo dañarlos aún más.

“La desventaja de usar barniz o consolidantes para que los materiales no se quiebren es que si en un futuro se quiere hacer un análisis de ADN sería difícil porque los huesos estarían contaminados por los químicos”, señala Lilia Escorcia, especialista del Laboratorio de Antropología Forense del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

Sin el ADN de descendientes, ni pinturas fiables de la época –excepto en el caso de Morelos, no existen retratos contemporáneos de los insurgentes–, no sería posible una identificación positiva, señala Botella.

Para Escorcia, la solución sería recurrir a la aproximación facial, que consiste en reconstruir los rasgos de la persona a partir de la estructura del cráneo. Esta técnica, que se acompaña de un análisis osteológico para determinar factores como el sexo y la edad, lleva alrededor de dos meses y tiene un 80 por ciento de certeza.

“Si se van a sacar restos con una connotación histórica importante”, coincide con Saucedo, “valdría la pena intentar la identificación”.

Según Gabriel Tavares, guía autorizado de la Delegación Cuauhtémoc, sólo existen cráneos completos de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez. Del resto sólo hay fragmentos y huesos grandes, lo que descarta el empleo de la técnica.

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En 1919, el historiador Jesús Galindo y Villa establecía “tres faltas imperdonables” cometidas con los restos: traerlos a la Ciudad de México sin haber preparado un sitio adecuado para recibirlos, convertirlos en un “montón confuso”, y depositarlos en un lugar “inaccesible” como el Altar de los Reyes, húmedo y propicio para su destrucción.

En ese lugar permanecieron 72 años, hasta el 30 de julio de 1895, cuando fueron trasladados en una urna de plata y cristal, coronada por el Águila Nacional, a la Capilla de San José, en la misma Catedral, y de ahí 30 años después, en la misma urna, a la Columna de la Independencia, los cráneos sobre paño negro, y los huesos en cajones de madera de cedro.

Un artículo de El Universal, del 27 de julio de 1895, deja claro el penoso estado en que fueron encontrados los restos. Menciona fragmentos de cráneos, maxilares y fémures, sin que exista la certeza de que los huesos extraídos sean “todos de los héroes”.

De los seis cráneos hallados, uno mutilado en su base con la letra “H” fue atribuido a Hidalgo, lo que supuso un nuevo problema, ya que presentaba tres agujeros de bala, algo imposible considerando que la historiografía aseguraba que le habían disparado en el pecho. En el quinto, escribe Galindo y Villa, “vieron al de Morelos”, y del sexto nada se dijo.

Una comisión poco informada dictaminó días después que los restos correspondían a Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, Jiménez, Mina, los Bravo, Rosales, Matamoros y Galeana, sin saber que desde 1823 los huesos de Leonardo Bravo y Hermenegildo Galeana no habían sido encontrados.

Itinerarios distintos

Desde que en 1925 las urnas fueron depositadas en la Columna de la Independencia, no han vuelto a ser abiertas. Una vez estudiados los huesos, se planea publicar un libro con textos de antropólogos e historiadores. Cada uno de los restos siguió su propio itinerario.

Iniciadores

  • Miguel Hidalgo
  • Ignacio Allende
  • Juan Aldama
  • José Mariano Jiménez

Tras ser fusilados en Chihuahua en 1811, sus cabezas fueron expuestas en la Alhóndiga de Granaditas. En 1821, sus cráneos fueron llevados a la Ermita de San Sebastián, en Guanajuato, siendo exhumados el 31 de agosto de 1823. Fueron depositados el 17 de septiembre en la Capilla de San Felipe de Jesús en la Catedral. Aunque un documento de 1861 asegura que sus cuerpos, tras ser recuperados, habían sido enviados a la Ciudad de México en una caja forrada con bayeta azul, el misterio persiste, ya que no hay registro de su arribo.

Segunda etapa

  • José María Morelos

Fusilado en San Cristóbal Ecatepec en 1815, fue sepultado en la parroquia del lugar. Historiadores como Luis González Obregón han sostenido que sus restos, depositados en la Catedral el 17 de septiembre de 1823, fueron robados y llevados a Francia por su hijo natural, Juan Nepomuceno Almonte, debido a que cuando los huesos de los héroes fueron trasladados del Altar de los Reyes a la Capilla de San José, en la misma Catedral, no estaban en la cripta. La historiadora Carmen Saucedo considera que la hipótesis pudo surgir de una afirmación falsa, ya que hasta ahora no ha encontrado un documento que lo pruebe.

  • Nicolás Bravo

Muerto en Chilpancingo en 1854, su cuerpo fue exhumado en agosto de 1902 de la parroquia de la ciudad, derruida por los temblores. Tras rendirle honores en el Colegio Militar de Chapultepec, su urna fue depositada el 9 de septiembre en la Capilla de San José de la Catedral.

  • Mariano Matamoros

Los franciscanos dieron sepultura en la capilla de su convento al sacerdote, fusilado en febrero de 1814 en Valladolid (hoy Morelia). Sus restos fueron trasladados a la Ciudad de México en septiembre de 1823 en un pequeño baúl que habría de permanecer olvidado 16 años en el Altar de los Reyes.

Consumación

  • Guadalupe Victoria

Fallecido en 1843 en el Castillo de Perote, en Veracruz, a causa de una “hipertrofia en el corazón”, sus restos fueron llevados en 1863 a Puebla, donde permanecieron hasta que en 1925 fueron depositados en la Columna de la Independencia.

  • Vicente Guerrero

Fue fusilado en Cuilapan, Oaxaca, en febrero de 1831, y sepultado en su iglesia. En 1833, sus restos fueron trasladados al Templo de Santo Domingo, también en Oaxaca, y en 1842 a la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto en la Ciudad de México, de donde partió al Panteón de San Fernando en 1852. Se desconoce cuándo fue llevado a Catedral.

  • Andrés Quintana Roo y Leona Vicario

Tras la muerte de Quintana Roo en 1851, los restos de su esposa, fallecida en 1824, fueron exhumados del Panteón de Santa Paula y trasladados a su sepulcro, en el Santuario de Nuestra Señora de los Ángeles, ambos en la Ciudad de México. En 1900, la pareja fue llevada a la Rotonda de los Hombres Ilustres, y en 1925 a la Columna de la Independencia.

  • Xavier Mina

Fusilado sin juicio en el cerro del Bellaco, Guanajuato, en noviembre de 1817, fue exhumado del cementerio de Pénjamo, en el mismo estado, en 1823 para ser trasladado a la Catedral. Sus restos, “no identificados”, descansan en la Columna, pero su nombre fue omitido de la placa.

Fuentes: “Las reliquias y sus héroes”, de María del Carmen Vázquez Mantecón, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México (UNAM, 2006); “Los restos de los principales caudillos de la Independencia”, de Jesús Galindo y Villa, en Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (5a. época, 1919), y “La pérdida (hasta los huesos) de nuestro pasado”, de Carmen Saucedo, en “Expedientes digitales” del INEHRM (www.inehrm.gob.mx).

Reforma, 8 de marzo de 2010

Rodea incertidumbre a restos de héroes

En los nichos de la Columna de la Independencia hay dos nombres de héroes patrios que no aparecen inscritos, los de Víctor Rosales y Pedro Moreno, aunque se cree que sus restos están ahí, al igual que los de Xavier Mina, omitido de la placa, se consigna, porque sus huesos están “no identificados”.

A la historiadora Carmen Saucedo no le extrañaría que una de las urnas que será retirada este domingo de la Columna contenga restos de todos ellos. “Mi conclusión es que ahí echaron lo que les sobró. Deben estar revueltos”.

Podría salir de dudas si encontrara un documento que le aclarara qué ocurrió el 16 de septiembre de 1925, cuando Plutarco Elías Calles ordenó retirar los restos de los héroes de la Capilla de San José en la Catedral Metropolitana y llevarlos a la Columna. Pero ni el AGN, ni la Sedena, ni Segob tienen inventarios o registros fotográficos. “Me sorprende que en todos lados haya un vacío”.

Otra raya al tigre. Uno más de los misterios que rodean a los restos de los héroes de la Independencia desde que en 1823 comenzó su peregrinar. Años de investigaciones permiten afirmar a Saucedo que ese año llegaron a la Catedral los huesos de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, José Mariano Jiménez, José María Morelos, Mariano Matamoros, y los mencionados Mina, Rosales y Moreno, aunque sus nombres no figuren en la Columna.

No se sabe cuántos cráneos y huesos se conservan, ya que las versiones difieren; se desconoce también si quienes exhumaron a los próceres estaban seguros de su identidad –pues debieron ubicarlos y enviarlos a la capital desde diversos puntos del País en menos de dos meses–, y menos aún es posible decir cuántos restos pudieron ser vendidos como reliquias durante el tiempo que permanecieron olvidados en la bóveda del Altar de los Reyes de la Catedral.

“Nos han cuestionado por qué hacer el estudio, de qué va a servir. Pues bueno, lo primero será para ver qué hay en esas cajas, porque no se han abierto”.

Existe el registro de que cuando en 1895 los restos fueron retirados del Altar de los Reyes, los cráneos se colocaron sobre un cojín, en una urna de plata y cristal coronada por el Águila Nacional, mientras que los huesos se habrían puesto en una segunda urna de madera de cedro, soldada y sellada con las armas del Ayuntamiento.

¿Qué sucedió entonces en 1925, cómo fueron separados los restos en los tres distintos nichos que ocupan en la Columna?

“Si buscaban osamentas completas no las iban a lograr”, señala la historiadora. “Quizá sí de Nicolás Bravo –cuyos restos llegaron a la Catedral en 1903–, pero no de los iniciadores, porque entre lo que llegó, lo que se destruyó, y lo que se pepenaron los buscadores de reliquias, yo creo que les faltan huesos a todos”.

Pero lo primero que revelarán las urnas, cuando sean analizadas por el equipo de antropólogos físicos que el INAH ha convocado en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, será “el resultado del desorden”, adelanta la directora general adjunta de Promoción de la Historia de la Comisión Nacional Organizadora de las Conmemoraciones de 2010. “Es lo único cierto”, dice, “y que los huesos se mezclaron varias veces”.

A este grupo de especialistas le corresponderá primero limpiar los huesos, y después determinar si son aptos para realizarles un estudio antropométrico con el propósito de identificar a qué próceres pueden pertenecer.

La historiadora aportará al proyecto una serie de fichas históricas de cada personaje con datos como la edad y la violencia que sufrieron para que puedan ser contrastados con lo que arroje el análisis de los expertos.

“Mi temor es que los huesos estén tan degradados que no se pueda obtener información suficiente”, advierte la encargada de la parte histórica del proyecto.

Los testimonios de quienes en 1895 afirmaban que los restos se les desbarataban entre las manos cuando los reunieron para trasladarlos a la Capilla de San José, le hacen dudar de su estado, pero no renuncia a la “emoción” que le causa la posibilidad de descubrir cuál era la estatura de Guadalupe Victoria o el motivo de la muerte de Leona Vicario.

Otro dato que se ignora es si el último virrey de la Nueva España, Juan O’Donojú, pudo haber compartido todos estos años un lugar de honor en la Columna de la Independencia junto a los héroes, ya que fue sobre su sepulcro donde se colocó la urna que años después se desbarató.

“Estamos a la mitad del trabajo. Yo estoy terminando la investigación histórica. Faltará que los antropólogos hablen”.

Si el estudio antropométrico de los restos revela la presencia de otros que no sean los héroes habrá que pensar en una explicación, dice. “No podemos forzar nada”. Pero, ¿qué procedería entonces: dejarlos ahí por su capital simbólico o retirarlos? “No se ha discutido la posibilidad. Habrá un informe científico”.

Saucedo confía en que hayan quedado atrás los tiempos en que los restos de los héroes permitieron a Porfirio Díaz legitimar su gobierno. Y descarta también que se repitan experiencias como la del fraude de Ixcateopan en 1949, del que surgió –avalado por el Estado– un idealizado Cuauhtémoc que Diego Rivera dibujó a partir de un centenar de huesos perteneciente a más de cinco personas.

“Siempre va a haber políticos. Si hacemos ahora (el estudio) o lo hacemos en 10 años, quién sabe qué vayan a querer (entonces) legitimar o inventar. Los tiempos políticos nunca están a tono con los de la inquietud histórica”.

Ruta patria

Durante más de un siglo, la Catedral Metropolitana fue el lugar donde descansaron los restos de los héroes patrios.

1850

Julio 23. El Congreso declara “beneméritos de la Patria en grado heroico” a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, José María Morelos, Mariano Matamoros, Leonardo y Miguel Bravo, Hermenegildo Galeana, José Mariano Jiménez, Xavier Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales. Ordena exhumar sus restos y enviarlos a la capital para que sean depositados en la Catedral Metropolitana.

Sept. 17. Los restos de los héroes, llegados desde distintos puntos del País, son depositados en la Capilla de San Felipe de Jesús en la Catedral. Dos días después son llevados a la bóveda del Altar de los Reyes. No aparecen los cuerpos de Abasolo, los hermanos Bravo y Galeana.

1893

Una comisión denuncia el abandono en que se encuentran los huesos en la cripta. El periodista Ángel Pola advierte sobre la posibilidad de que la humedad los destruya.

1895

Julio 25. Los huesos son extraídos para ser depositados en una nueva urna. Antes son lavados, secados al sol y barnizados.

Julio 30. Salvas de artillería preceden a la ceremonia. Los restos son llevados desde el Ayuntamiento hasta la ex Aduana de Santo Domingo, donde tiene lugar el acto oficial. Porfirio Díaz, vestido de paisano, preside la procesión que conduce los restos a la Capilla de San José, en la misma Catedral.

1903

Sept. 9. Los restos de Nicolás Bravo son trasladados desde la parroquia de Chilpancingo hasta la Capilla de San José.

1925

Sept. 16. Plutarco Elías Calles ordena llevar las urnas de los héroes a la Columna de la Independencia. Se suman al monumento los restos de Vicente Guerrero, Leona Vicario, Andrés Quintana Roo y Guadalupe Victoria.

2010

Mayo 30. Los restos de los héroes serán trasladados, en un solemne desfile militar presidido por Felipe Calderón, al Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec para su limpieza, análisis e identificación.

Agosto 8. Concluida la investigación, los restos serán conducidos en un nuevo desfile desde el Castillo de Chapultepec hasta el Palacio Nacional, donde serán exhibidos en el vestíbulo del Recinto Parlamentario dentro de la exposición México 200 años. La patria en construcción.

2011

Agosto. Los restos serán depositados nuevamente en la Columna de la Independencia.

Reforma, 29 de mayo de 2010

Llegarán 14 héroes al Palacio Nacional

De la Columna de la Independencia fueron retirados los restos de 12 héroes el pasado 30 de mayo, pero este domingo serán 14 los que serán trasladados desde el Castillo de Chapultepec hasta el Palacio Nacional en el desfile que recorrerá el Paseo de la Reforma.

La página de la Comisión Nacional Organizadora de las Conmemoraciones de 2010 agrega los nombres de Víctor Rosales y Pedro Moreno a la lista de los próceres depositados en la Columna en 1925: Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez, José María Morelos, Mariano Matamoros, Vicente Guerrero, Nicolás Bravo, Leona Vicario, Andrés Quintana Roo, Guadalupe Victoria y el “no identificado” Xavier Mina.

Desde que los restos fueron trasladados en mayo al Museo Nacional de Historia para que el INAH les realizara una serie de análisis de antropología osteológica, la institución decidió mantener en reserva la información hasta la conclusión de los estudios.

Los análisis, con una duración inicial estimada en tres meses, pretenden establecer a cuántos individuos pertenecen los restos, además de datos como edad, estatura, sexo, fracturas y huellas de enfermedad. En el protocolo previsto se planteó hacer un registro de imágenes y video.

Aunque el INAH aseguró que ofrecería información sobre el proceso, no aportó datos adicionales sobre los estudios realizados por un equipo de especialistas dirigido por Lilia Rivero Weber, titular de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, y José Antonio Pompa, director de Antropología Física.

El propósito era ordenar, limpiar y conservar los huesos atribuidos a los héroes de la Independencia, reunidos con urgencia en 1823 desde distintos puntos de la República, y que durante décadas formaron un “montón confuso” y húmedo en la bóveda del Altar de los Reyes de la Catedral Metropolitana. Cuando en 1895 fueron exhumados para ser depositados en una nueva urna en la Capilla de San José, también en la Catedral, previamente se lavaron y barnizaron, y otra vez se les mezcló.

La Comisión coordinada por José Manuel Villalpando anunció que procedería a la identificación de los próceres cruzando los datos científicos arrojados por el estudio del INAH con la información que durante años de investigación reunió Carmen Saucedo, encargada de la parte histórica del proyecto.

“Carmen ha elaborado fichas de cada personaje con sus rasgos físicos, altura estimada, complexión, forma de muerte, condiciones iniciales de sepultura, circunstancias del traslado de los restos y datos curiosos”, afirmó Villalpando el pasado 20 de mayo.

Se sabe que Matamoros, dijo, fue enterrado con zapatos –“buscaremos rastros”–, quiénes fueron sepultados con uniforme o de civil, y que Moreno medía más de 1.80 metros y Morelos apenas superaba el 1.50. Detalles, agregó, que se contrastarían con los datos científicos.

Primero se daría a conocer el estudio, pero el INAH aún no ha revelado los resultados. ¿Significa que la Comisión se adelantó? Saucedo creía que, con los restos de Mina, podrían estar mezclados los de Rosales y Moreno (REFORMA 29/05/2010). ¿Lo confirmó o no la ciencia?

Injusticia histórica

Desde hace años, la Junta Patriótica Pedro Moreno ha solicitado sin éxito que se coloque una placa con el nombre del héroe jalisciense en la Columna de la Independencia, donde afirman que está su osamenta, que habría sido enviada a la Ciudad de México en 1823, tras ser exhumada de la Hacienda de la Tlachiquera.

El pasado febrero, la Presidencia Municipal de Lagos de Moreno formuló la petición en un comunicado; en marzo, el director de Cultura Eduardo Mata señaló la falta de respuesta a sus solicitudes, y hace días, el director del Archivo Histórico, Mario Gómez Mata, urgió nuevamente a que se rectifique lo que considera una “injusticia histórica”.

Reforma, 13 de agosto de 2010