Canjea España botín

México recuperará sus dos primeras banderas militares, que España posee desde 1814, cuando el virrey Félix María Calleja las envió como botín de guerra, pero no será un obsequio como el Gobierno había solicitado, ya que para obtenerlas deberá ceder otras de valor histórico similar para ese país.

En los pasillos del Museo del Ejército español, que custodia las banderas, se afirma que ya se dio la orden para su entrega, señala el investigador Luis Sorando Muzás, pero al enterarse de que sería a cambio de nada, historiadores y militares se “sublevaron”, pidiendo solicitar a México alguno de los blasones españoles que se encuentran en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec.

“Le hemos dicho al Ministerio de Defensa que las banderas son piezas únicas”, explica Sorando Muzás desde el mostrador de su mercería en Zaragoza, “pero como vimos que era una guerra perdida, porque están por darlas, lo que se ha hecho es exigir que no sea una donación”.

Hace apenas un mes, el autor del catálogo Banderas, estandartes y trofeos del Museo del Ejército, 1700-1843, entregó al Ministerio de Defensa, del que depende el museo, una lista ordenada “de más a menos interesante” con una decena de banderas de origen español que posee México, entre las que destacan una atribuida al general Isidro Barradas, catalogada como de 1829 pero que según el especialista data de 1715, del reinado de Felipe V, y otra de la Legión Real de los siglos 17 y 18. Ahora toca a las autoridades mexicanas estudiar la propuesta.

“Cada una”, dice el investigador, “es una buena opción, pero con algo más”.

Esta decisión da un vuelco al punto de acuerdo presentado por el senador panista Luis Alberto Villarreal y aprobado el 22 de noviembre de 2007, en el que se exhortaba al Presidente Felipe Calderón, con motivo del Bicentenario de 2010, a solicitar el obsequio de las banderas apelando a una “tradición” iniciada en 1910, cuando en los festejos del Centenario de la Independencia, el Rey Alfonso XIII regaló a México unos uniformes e insignias de José María Morelos que, según las crónicas, fueron trasladados entre vítores a Palacio Nacional en un solemne desfile militar.

Pero aquellos eran otros tiempos. “Estaba muy reciente la guerra de Cuba (1898) y había mucho complejo por un imperio español que se había ido al garete. Además se hizo en secreto, en la prensa española nadie lo consignó”.

Tras la aprobación del punto de acuerdo, el historiador Jaime del Arenal Fenochio, director del Instituto de México en Madrid, se encargó de documentar el protocolo para el obsequio. En su visita a España el pasado junio, Calderón formalizó la petición al reunirse con el Presidente José Luis Rodríguez Zapatero.

Hechas en tafetán celeste, estas banderas gemelas marcharon juntas desde el 16 de septiembre de 1810, cuando fueron enarboladas en San Miguel el Grande por la compañía de granaderos capitaneada por Ignacio Allende, hasta la desastrosa batalla de Puente de Calderón, el 17 de enero de 1811, donde el entonces comandante Calleja derrotó a los insurgentes.

‘Si hubieran pedido una…’

La Oficina de Prensa del Ejército de Tierra, adscrita a Defensa, confirmó la voluntad del gobierno español de devolver las banderas. Agrega que la Ley de Protección del Patrimonio Histórico Artístico prohíbe la donación de bienes patrimoniales, pero autoriza una permuta.

A Sorando Muzás se debe el descubrimiento de las banderas en el Museo del Ejército, donde estaban mal catalogadas, logrando identificarlas con la ayuda de la historiadora mexicana Marta Terán.

“Comprendo que México las quiera tener, pero no que un Presidente se las quiera dar. Si por mí fuera, no salían de aquí”, sostiene el investigador, quien destaca el valor excepcional de las piezas, ya que por ser la guerra de Independencia una contienda civil, las banderas ganadas por los realistas rara vez salían de México.

Villarreal, ex presidente municipal de San Miguel de Allende, quien confía en poder festejar el 2010 con el arribo de las banderas al Museo Histórico Casa de Allende, no cree necesario un gesto recíproco con España.

“Tampoco estamos pidiendo que nos manden los retablos de la Catedral de Sevilla”, bromea. Advierte además que en México podría haber una reacción en contra, dado que el tema de la soberanía “lo tenemos más atorado”.

En el boletín de Voluntarios de Aragón, la asociación histórico-cultural que preside, Sorando Muzás lanzó la voz de alerta sobre una decisión política que considera arbitraria, tomada sin considerar que se trata de patrimonio histórico.

Recuerda ahí un hecho que aún no se olvida, cuando el gobierno de Aznar devolvió a Cuba una silla de montar del héroe Antonio Maceo por un cañón del siglo 18, “de los que hay cientos”, y una bandera de mochila, de escaso valor.

Su boletín circuló y el pasado día 6, la cadena radiofónica COPE, con una línea crítica hacia Zapatero, cuestionó la medida en su programa La estrella polar, calificando su decisión como un desprecio al Ejército español.

“No hay nada contra México, a quien criticamos es a Zapatero”, aclara Sorando Muzás. “Es que no sé qué piensa; son testimonio de pasadas glorias de las que parece que se avergüenza. Si México hubiera pedido una, igual lo habría apoyado…”.

Según el senador Villarreal, quien confía en que las banderas lleguen a México en 2009 para ser expuestas en el MNH, sólo se solicitó una a España, pero tanto Sorando Muzás como el Ejército de Tierra tienen conocimiento de que se trata de ambos emblemas.

“Las banderas –con la imagen de la Virgen de Guadalupe y al reverso el Arcángel San Miguel con el águila imperial– son casi iguales, hay una que está en mejor estado que la otra (debido a que estuvo colgada, mientras que la otra fue doblada), y se pensaba traer la que estuviera en condiciones más óptimas”.

El Ejército de Tierra indica que el Gobierno mexicano ya ha sido informado de las banderas que se podrían permutar, pero desconoce cuáles se entregarán y en qué fecha.

Decisión colegiada

Los bienes que custodia el Museo Nacional de Historia, considerados patrimonio histórico, pueden ser objeto de permuta con instituciones científicas o culturales de gobiernos extranjeros u otros museos, de acuerdo con la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, señala Eréndira Salgado, ex directora jurídica del INAH.

Por tratarse de bienes nacionales, la abogada considera que una comisión de expertos convocada por el INAH debería determinar en qué condiciones debe darse el canje y qué banderas entregar a España a cambio de las que son consideradas las primeras banderas militares de México, que después de 200 años volverán al País, tras la autorización del Presidente José Luis Rodríguez Zapatero.

“Y el acuerdo tendría que ser firmado por el Presidente de la República, ni siquiera por el Secretario de Educación. Así no le vería problema, porque estos canjes ya se han hecho”.

Póquer de ases

Entre la decena de banderas en poder de México propuestas por el gobierno español para ser intercambiadas por las primeras banderas militares del País destacan:

La más deseada

  • Muestra la Cruz de Borgoña o de San Andrés rematada por cuatro escudos. Catalogada como de 1829, dataría de 1715 y correspondería a la época de Felipe V, reinado del que España no conserva banderas.

Curiosa

  • Bordada sobre seda blanca con hilos de seda negra, verde y azul, data de los siglos 17 y 18. Bajo su leyenda, “Legión Real”, pelearon las tropas leales a Fernando VII durante la guerra de Independencia.

Regia

  • Con la leyenda “El rey a la fidelidad” bordada en seda negra sobre blanca, tiene la Cruz de Borgoña rematada por cuatro escudos tejidos con hilos de diversos colores. De los siglos 17 y 18.

Hermosa

  • En tela de algodón blanco, muestra las armas del rey Carlos III. Al original, con aplicaciones de seda dorada y guinda, le fueron pintadas al óleo las secciones faltantes al ser restaurada. Data del siglo 18.

Banderas gemelas

  • Cada bandera, de 1.24 por 1.37 centímetros, muestra al frente a la Virgen de Guadalupe. Durante años se creyó que fueron tomadas a Morelos en 1815, al ser capturado en Temalapa. Ambas han sido ya restauradas.

Trofeo de sangre

  • Al reverso está el águila imperial con el arcángel San Miguel. José Terán y José Ordaz, del Regimiento de Dragones de España, lograron hacerse con las banderas; uno aprisionó al que la portaba, el otro lo mató.

Reforma, 19 de enero de 2009

‘Vamos por buen camino’

Una bandera por otra. Dos por dos. El Museo del Ejército de Toledo ya cuenta con una propuesta de cinco banderas españolas de las más de 20 que custodia el Museo Nacional de Historia para que seleccione las dos que podrían ser intercambiadas, de país a país, por las que son consideradas las primeras banderas militares de México.

“Vamos por buen camino”, afirma confiado el director del INAH, Alfonso de Maria y Campos. En fecha próxima, llegará una comisión de especialistas españoles para conocer las banderas “in situ” –sólo las han visto en el papel– y decidir cuáles consideran de valor histórico y con un grado de conservación similares a las insurgentes, que fueron tomadas como trofeo de guerra por el ejército realista al regimiento de Ignacio Allende en la batalla de Puente de Calderón de 1811.

“Habíamos propuesto tenerlas este año, y creo que será posible. No le veo impedimento”, señala sobre los plazos para el intercambio.

El pasado lunes, esta sección publicó que, con motivo de los festejos de 2010, España accedió a entregar a México las banderas, pero no serán un obsequio como había solicitado el Gobierno de Felipe Calderón, sino una permuta. “El deseo del Presidente español (José Luis Rodríguez Zapatero) era una donación, pero la ley exige un intercambio”, observa De Maria y Campos.

La decisión sobre las cinco banderas ofrecidas a España corrió a cargo del director del MNH, Salvador Rueda Smithers, y el titular del INAH.

“El director (del museo) tiene un área curatorial que revisa el material. Él me dijo estas banderas no las queremos ofrecer, estas otras sí. Igual lo debió hacer el Museo del Ejército”.

El pasado junio, durante la visita a España del Presidente Calderón, cuando se formalizó la petición, De Maria y Campos visitó el Museo del Ejército, donde vio las banderas resguardadas en gavetas, recién restauradas. Este recinto, que está siendo trasladado desde Madrid a una nueva sede en el Alcázar de Toledo, cuenta en su acervo con más de 2 mil banderas y pendones de los siglos 16 al 19, entre los que destaca el estandarte de Hernán Cortés.

En ese viaje, el funcionario hizo algunas propuestas al museo, como una bandera de marina, perteneciente al ejército del general español Isidro Barradas, quien en 1829 fue derrotado en su loco afán de intentar la reconquista de México, pero fue rechazada por pertenecer el recinto al Ejército de Tierra. El 19 de diciembre, precisa, recibió la propuesta del material sugerido por España.

“En un intercambio”, asegura, “antes de instalar una comisión para decidir qué (bien) podemos dar, debemos saber primero qué interés tiene la otra parte (…) Yo no puedo llevarle al Presidente una propuesta que no es viable”.

De Maria y Campos adelanta que se formará una comisión curatorial, sí, pero para que una vez establecidos los términos del intercambio elabore un dictamen sobre su conveniencia, argumentación que será presentada al Presidente Calderón para que, una vez evaluada, decida si firma el acuerdo necesario para el canje.

Por la separación

Iguales salvo en algunos detalles, las banderas militares mexicanas, con la imagen de la Virgen de Guadalupe y al reverso el arcángel San Miguel con el águila imperial, marcharon juntas desde el 16 de septiembre de 1810, cuando fueron enarboladas en San Miguel el Grande por los Dragones de la Reina capitaneados por Ignacio Allende, hasta la derrota de Puente de Calderón, el 17 de enero de 1811.

El punto de acuerdo que fue presentado en el Senado en noviembre de 2007 por el panista Luis Alberto Villarreal, abogaba por el regreso de las banderas a su lugar de origen, San Miguel de Allende, para ser resguardadas en el Museo Histórico Casa de Allende.

Para De Maria y Campos, lo más conveniente sería separarlas, para que una sea expuesta en el MNH y otra en la Casa de Allende, que tras su restauración podría inaugurarse a fines de febrero.

“No es decisión mía, se trata de sugerir alternativas. Debemos cuidar que sean bien resguardadas y que no sean exhibidas de manera permanente, que tengan periodos de descanso”.

El director del INAH no descarta que puedan itinerar por algunos museos, pero antes habrá que asegurarse de la buena condición de los recintos. “El estado de los museos es muy desigual, por eso trabajamos en la Casa de Allende e iniciamos la renovación de la casa de Huarte (Museo Regional Michoacano) y la del museo de la Alhóndiga (de Granaditas, en Guanajuato). Estamos terminando el Museo Regional de Querétaro y la revisión del guión curatorial del de Jalisco. Si existen las condiciones, podríamos exhibir las banderas en esos espacios”.

Sin condiciones

El director del INAH, Alfonso de Maria y Campos, considera que no existen condiciones en Puente de Calderón para crear un Museo del Bicentenario de la Independencia, proyecto que promueve el ayuntamiento jalisciense de Zapotlanejo.

“Es un lugar fuera del flujo de la gente, un camino real con un puente colonial muy bello, pero es más bien un remanso, una especie de Chapultepec para los pueblos de alrededor”, señala.

Agrega que se hizo un primer sondeo para recuperar los 34 cañones que dejaron los españoles enterrados en el lugar de la batalla, pero se interrumpió por los costos.

“Más que hacer ahí un museo, creo que debemos mejorar los museos regionales de los estados, y crearlos donde no los hay, como en Quintana Roo”.

Reforma, 23 de enero de 2009

Piden banderas de ‘reconquista’

El Gobierno español ha optado por una solución simbólica. Para que México recupere las dos primeras banderas militares de su historia como nación independiente, enarboladas en septiembre de 1810 por el regimiento de Ignacio Allende, deberá entregar a España las dos últimas perdidas por su ejército.

Un acuerdo en el que México “sale ganando”, reconoce el especialista Luis Sorando Muzás, quien asesoró al Ejército de Tierra español sobre los términos del canje. Mientras que para el País supone un “bombazo” recuperar las banderas gemelas del cuerpo de Dragones de la Reina capitaneado por Allende, pocos se emocionarán en España por tener de vuelta dos de las banderas que formaron parte de la desastrosa expedición del general Isidro Barradas, quien en 1829 se lanzó desde La Habana a la reconquista de México en una campaña de 46 días que se saldó con la capitulación de su ejército de 3 mil soldados.

La asimetría histórica es evidente. Allende ocupa un lugar principal en la lucha insurgente, mientras que Barradas apenas merece una mención en la historia de la antigua metrópoli. “Primero, fue una expedición caótica y sin ninguna posibilidad de éxito; segundo, se produce durante el reinado absolutista de Fernando VII. Es simplemente un intento del monarca por recuperar unos territorios que consideraba suyos, pero para España es un episodio irrelevante”, sostiene el historiador español Tomás Pérez Vejo.

Barradas llegó a México convencido de que encontraría un país sumido en la anarquía, deseoso de acogerse al dominio del rey. Su fallida reconquista no ocupa un lugar en la historiografía española, coincide desde Valencia la historiadora Ivana Frasquet, que ha estudiado la expedición, lo que atribuye a que durante la dictadura franquista la pauta fue historiar los triunfos.

A las puertas del Bicentenario de 2010, se ha impuesto la diplomacia, como ya se apuntaba el pasado enero, cuando esta sección publicó la intención del Gobierno español de devolver las banderas de Allende, que custodia el Museo del Ejército. Las banderas de Barradas figuraban ya en la lista inicial de trofeos propuestos a México (REFORMA 19/01/2009).

“A nosotros, las banderas de Barradas nos da lo mismo tenerlas o no”, dice Sorando Muzás en referencia a su valor patrimonial, ya que en Toledo el museo resguarda alrededor de mil 500 banderas de regimientos realistas que lucharon contra los independentistas de toda América.

“Pero en la política de gestos”, traduce Pérez Vejo, “España entrega algo que para México es importante”.

Liberar a la patria

En 1903, Francisco Bulnes publicó Las grandes mentiras de nuestra historia, donde sostenía que Barradas “fue vencido, pero nunca derrotado” por las tropas de Antonio López de Santa Anna. En los combates que se libraron tras desembarcar la expedición en Cabo Rojo, frente a Tampico, el 28 de julio de 1829, los mexicanos no lograron rendir a los españoles, que sí sucumbieron a la fiebre amarilla y la humedad.

Macilentos y abúlicos, escribe Enrique González Pedrero en País de un solo hombre, dormían en el suelo, bebían aguas pantanosas, y sobrevivían con sopas de ajo y puerros.

Ni en la toma frustrada de Tampico, en la que Barradas dejó libre a Santa Anna, ni en el posterior asalto a las tropas españolas acuarteladas en el Fortín de la Barra, de noche y en terreno fangoso, la pugna pasó de ser un conato de enfrentamiento entre “militares mediocres”, sostiene González Pedrero.

En una contienda que se desarrolló principalmente por escrito, en la que Santa Anna se negó por tres veces a aceptar la capitulación de Barradas en su afán de lograr una victoria que no fuera de papel, los términos de la rendición se pactaron el 11 de septiembre.

El historiador de la Universidad Veracruzana, Juan Ortiz Escamilla, se pregunta cuáles fueron las razones de Santa Anna para dejar partir a los invasores, en lugar de apresarlos y forzar a Fernando VII a reconocer la independencia de México.

Barradas marchó a Nueva Orleans para organizar la retirada, mientras sus soldados esperaban el arribo de los barcos. El 1 de octubre, las banderas españolas llegaron a la capital y el triunfo sobre el general invasor fue celebrado con una misa en la Basílica de Guadalupe.

La invasión de Barradas propició la creación de un ejército de reserva a las órdenes del vicepresidente Anastasio Bustamante, que daría meses después golpe de estado a Vicente Guerrero. “Bustamante fue apoyado por los grupos más conservadores de México, y por quienes en el fondo de su corazón extrañaban a Fernando VII”, explica Ortiz Escamilla.

Pero su mayor efecto fue convertir en héroe a Santa Anna, por ser capaz de lograr, en palabras de González Pedrero, lo que ni Hidalgo, ni Morelos, ni Iturbide consiguieron: humillar a España.

Es por eso que algunos historiadores no están de acuerdo con el canje, señala Ortiz Escamilla. “La de 1810 fue una guerra civil (entre insurgentes y realistas), pero 1829 es el segundo momento en que el Ejército mexicano se cubrió de gloria, después de la rendición de San Juan de Ulúa en 1825. Bien que mal, se liberó a la patria”.

En manos del INAH

La petición del Gobierno español debe ser ahora valorada por el INAH, y luego gestionada a nivel diplomático. De ser aceptado el canje, el Museo Nacional de Historia conservaría una bandera de fortaleza y un estandarte de caballería pertenecientes a las tropas de Isidro Barradas.

Obligado por la Ley de Protección del Patrimonio Histórico Artístico, el Presidente José Luis Rodríguez Zapatero debió dar marcha atrás a su intención de donar a México las banderas gemelas que enarboló el regimiento de Ignacio Allende, que España posee desde 1814 como botín de guerra.

“El arreglo no es malo”, considera el investigador Luis Sorando Muzás, “siendo que no hay más remedio que hacerlo”.

La historiadora Ivana Frasquet no ve motivo de polémica. “La iniciativa de Rodríguez Zapatero es un gesto de amistad y complicidad con un país que ayudó mucho a España, en los años de la dictadura, por ejemplo”.

Reforma, 22 de mayo de 2009