Contiene una mujer urna de Matamoros

Los restos de Mariano Matamoros llegaron en 1823 a la Catedral Metropolitana en un “baulito enlutado”. Quienes asistieron a su exhumación en el Convento de San Francisco en Morelia habían asegurado que conservaba aún el alzacuellos de cura. Pero cuando los especialistas del INAH abrieron el 19 de julio de 2010 su urna de madera, descubrieron en lugar del general los restos de una mujer.

El análisis de antropología física de los héroes de la Independencia precisa que se trata de un adulto de 40 a 45 años de edad de sexo femenino, que por las marcas en sus huesos debió dedicarse a la molienda de granos y semillas, y a la preparación de alimentos en cuclillas.

Durante 16 años, los restos de Matamoros permanecieron olvidados en el Altar de los Reyes, tras el traslado de los huesos de los héroes en 1895 a la Capilla de San José para protegerlos de la humedad. Es en 1911 cuando su biógrafo, José María de la Fuente, reporta que era delgado, de estatura pequeña. Lo mismo que la mujer hallada en su urna, de 1.51 metros de estatura.

No se encontró el cráneo del general entonces ni ahora. El sacristán de la Catedral se lo habría entregado a De la Fuente, que a su vez lo habría llevado al director del Museo Nacional de Arqueología, Cecilio Robelo. Ahí se pierde el rastro.

¿Desde cuándo la urna de Matamoros es ocupada por una mujer? El informe no lo aclara. Ni en agosto de 2010, cuando se dieron a conocer los resultados del estudio antropológico, ni en julio de 2011, cuando los restos de los héroes fueron nuevamente depositados en la Columna de la Independencia tras ser expuestos en Palacio Nacional, se hizo referencia a que el general no se encontraba en su urna.

El informe de 198 páginas, que el IFAI ordenó entregar al INAH tras ser interpuesto un recurso de revisión, tuvo como objetivo hacer un inventario de los restos óseos que se encontraban en la Columna, determinar su estado de conservación, y corroborar o desechar datos históricos.

La muerte de Nicolás Bravo el 22 de abril de 1854, y de su esposa Antonina horas después, hizo correr el rumor de que había sido envenenado por orden de Santa Anna. Un médico militar apellidado Avilés, que el dictador había dejado para atenderlo, fue fusilado en la Isla de los Caballos acusado del homicidio.

Lo que revela el análisis de antropología física es que Bravo padecía una infección crónica generalizada provocada por la bacteria Treponema, causante de la sífilis. De acuerdo con el estudio, fue un hombre diestro con problemas de circulación en las piernas, que medía 1.66 metros.

El cráneo, que conservaba un mechón de color castaño claro, tenía marcas de grafito en diferentes puntos, lo que indica que fue medido por un especialista. Estas marcas se hallaron también en los cráneos de José María Morelos, Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y Juan Aldama, en los que se utilizó una pasta amarilla para unir algunos fragmentos.

El equipo de antropólogos físicos del INAH, integrado por José Antonio Pompa y Padilla, Jorge Arturo Talavera y Nancy Geloven, halló en el cráneo de Hidalgo un traumatismo causado en vida por un objeto punzocontundente, una herida que después el goteo de la lluvia perforó durante la década que permaneció expuesto en la Alhóndiga de Granaditas.

En la mandíbula de Morelos se hallaron huellas de abscesos de pus relacionados con una periodontitis que podría haberle provocado la pérdida de dientes, y en su cráneo hundimientos en el parietal izquierdo asociados a la migraña que, según datos históricos, padecía.

En la Urna Libro, de 82 cm. de largo, se encontraron unas etiquetas con los nombres de Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez y Morelos. En el análisis descubrieron huesos infantiles, de animales y del sexo femenino mezclados con los “asociados” a estos héroes, lo que podría deberse, afirman, a que las exhumaciones estuvieron a cargo de sepultureros sin conocimiento de la anatomía humana.

La osamenta de Leona Vicario, incompleta y fracturada debido a la humedad y con huellas de polilla, reveló que la insurgente padecía sobrepeso y las marcas en su cráneo indican que pudo tener una anemia causada por la deficiencia de hierro. Los fragmentos óseos hallados junto a sus restos se cree que corresponden a su primogénita Genoveva, cuyo esqueleto estaba a su lado cuando fue exhumada en 1900 del Panteón del Santuario de Nuestra Señora de los Ángeles.

Los restos de su esposo, Andrés Quintana Roo, fragmentados e incompletos, y dañados por raíces, revelan marcas de actividad asociadas con el montar a caballo y el cargar peso durante largas distancias.

Los huesos hallados en la urna con forma de diamante identificada con el nombre de Guadalupe Victoria corresponden a un adulto de 45 a 50 años, rango que no corresponde con la edad del general, fallecido a los 57 años. Junto a sus restos, infestados por colonias de hongos, se hallaron fragmentos óseos de seis individuos masculinos, uno femenino, y un hueso de venado.

El esqueleto de Vicente Guerrero, cubierto por varias capas de barniz –de color claro en el cráneo y ocre en el resto–, resultó el mejor conservado. Su dura condición de militar dejó heridas en sus huesos. La mala consolidación de una fractura que abarcó cuatro costillas, provocada por un machete o una espada desde arriba de un caballo cuando el general estaba de pie y de espaldas, le causó en vida problemas de movilidad y dificultades respiratorias. Se le descubrió también una fractura en el codo derecho mal consolidada, que le dejó el brazo en un ángulo de 90 grados, y un traumatismo en el cráneo.

La Urna Libro y la Urna Verde contenían una revoltura de huesos largos y cortos que, al ser clasificados por los especialistas, permitieron establecer la presencia de ocho individuos, y restos asociados de otros tres. El individuo A, que padecía osteomielitis, fue identificado como Víctor Rosales. El insurgente zacatecano presenta una fractura en el hueso frontal del cráneo, causada por una bala, lo que coincide con su muerte en combate.

Los restos del individuo D, dos fémures, dos tibias y un peroné, establecen una estatura de 1.79 metros, por lo cual son atribuidos a Pedro Moreno, conocido por su altura. Las suturas del cráneo del individuo F, que corresponden a un individuo de 25 a 30 años de edad, permiten atribuir sus restos a Xavier Mina, fusilado a los 28 años en el Cerro del Bellaco, en Guanajuato.

El individuo E podría ser Morelos, aunque los expertos no argumentan el motivo, sin que haya sido posible identificar las osamentas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez.

Hallazgo

La página 157 del informe documenta el contenido de la urna de Mariano Matamoros.

  • Se trata de un adulto de sexo femenino, de 40 a 45 años de edad. No tiene cráneo y el cuerpo es de forma alargada.

Intinerario patrio

Los restos de los héroes han tenido varias moradas.

1823

Julio 23. El Congreso declara “beneméritos de la Patria en grado heroico” a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, José María Morelos, Mariano Matamoros, Leonardo y Miguel Bravo, Hermenegildo Galeana, José Mariano Jiménez, Xavier Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales. Ordena que sus restos sean exhumados para ser depositados en la Catedral Metropolitana. No aparecen los cuerpos de Abasolo, los hermanos Bravo y Galeana.

Sept. 17. En una solemne ceremonia, los restos son depositados en la Capilla de San Felipe de Jesús (o de la Cena, según las Actas de Cabildo) en la Catedral. Dos días después son llevados a la bóveda del Altar de los Reyes.

1895

Julio 30. Depositados en nuevas urnas, los restos son trasladados a la Capilla de San José, en la misma Catedral.

1925

Sept. 16. Plutarco Elías Calles ordena trasladar las urnas de los héroes a la Columna de la Independencia. Se suman al monumento los restos de Vicente Guerrero, Leona Vicario, Andrés Quintana Roo, Guadalupe Victoria y Nicolás Bravo. En la ceremonia, no se mencionan los nombres de Moreno y Rosales.

2010

Mayo 30. Las diez urnas con los restos de los héroes son trasladadas al Museo Nacional de Historia, en el Castillo de Chapultepec, para su estudio en un laboratorio.

Agosto 13. Establecen que son 14 héroes los que descansan en la Columna tras identificar a Moreno y Rosales.

Agosto 15. El cortejo con los restos de los héroes llega a Palacio Nacional, donde son expuestos en un mausoleo a partir del 20 de septiembre.

2011

Julio 30. Los restos de los héroes son trasladados desde Palacio Nacional a la Columna de la Independencia.

Reforma, 24 de diciembre de 2012

¿Dónde está Matamoros?

El historiador Carlos María de Bustamante pudo haber resuelto en el siglo 19 el misterio de los restos perdidos de Mariano Matamoros. En su Cuadro histórico de la Revolución Mexicana (1844) plantea que sus huesos pudieron ser retirados del Altar de los Reyes de la Catedral por los llamados “chaquetas”, los partidarios de la dominación española que todavía abundaban en el país.

“Me temo que el día que se quiera sacar estos huesos, sean subrogados (sustituidos) con los del cementerio general de Santa Paula”, escribe en la Carta Décima del segundo tomo de la obra.

De acuerdo con la historiadora Verónica Zárate, por su apasionamiento, Bustamante no siempre es de fiar, pero es un hecho que tenía buenos informantes. El autor no aclara quién pudo haber promovido el robo de los restos, pero sus palabras, apenas un pie de página, cobran relevancia después de que los antropólogos físicos del INAH descubrieran en 2010 que son huesos de mujer los que guarda su urna.

“Quizá querían borrar las huellas de la guerra (de Independencia), y como Matamoros era sacerdote, su figura molestaba a los conservadores”, plantea desde Veracruz la historiadora Ruth Solís. O buscaron “tomar un rehén en términos simbólicos”, agrega Zárate.

Fusilado el 3 de febrero de 1814 en un portal de la Plaza Mayor de Valladolid (hoy Morelia), Matamoros fue sepultado junto al altar mayor de la Iglesia de la Tercera Orden de San Francisco, derruida por los liberales en 1868. Sus restos fueron exhumados en 1823, nueve años después de su ejecución, ante testigos que señalaron el lugar de su sepultura.

El escaso tiempo transcurrido hace difícil que pudieran confundir sus restos, considera Zárate, y tampoco parece probable que los franciscanos tuvieran interés en conservarlos, ya que según escribe el biógrafo José María de la Fuente, de haberse inscrito en esta hermandad, lo hizo en sus últimos días de vida.

“La jerarquía eclesiástica no veía bien a los curas rebeldes; los consideraba enemigos de la religión, el rey y la patria”, señala el historiador Moisés Guzmán Pérez.

A diferencia de lo sucedido con los primeros insurgentes, los restos de Matamoros no llegaron mezclados a la Catedral. Su osamenta descansaba en un “baulito enlutado” que, cuando los huesos de los héroes fueron trasladados en 1895 a la Capilla de San José, permaneció olvidado 16 años en el Altar de los Reyes. Al recuperarla, su urna estaba junto a otra, que se encontraba vacía.

La relación de huesos atribuidos al insurgente en 1911 coincide en su mayoría con los descritos por los antropólogos físicos del INAH un siglo después. Queda fuera de duda el sexo de Matamoros, que según sus biógrafos tuvo dos hijos: Apolonio y Benita Mariana Ricarda.

La historiadora Carmen Saucedo ha señalado que los objetos hallados en 1911 en la urna de Matamoros, como unas suelas de zapatos, no son los mismos que los encontrados en 1823. De la Fuente escribe en 1918 que el hecho de que estas suelas fueran sencillas en lugar de dobles como se usaban en los zapatos de hombre, llevó a pensar que correspondían a una mujer, a lo que contribuyó la pequeña dimensión de los huesos, sembrando dudas sobre la autenticidad de los restos.

Bustamante describió al teniente general Matamoros, segundo del “generalísimo” José María Morelos, reconocido por su genio militar y la disciplina de sus tropas, como “un hombrecito delgado, rubio, (de) ojos azules, picado de viruelas”. Un punto no resuelto es qué pasó con su cráneo, que tras ser entregado al sacristán de la Catedral por un ingeniero de obras que lo rescató de la cripta, fue llevado por De la Fuente, tras su examen, al director del Museo Nacional de Arqueología, Cecilio Robelo.

Las crónicas de la época afirman que 3 mil soldados custodiaron la ejecución de Matamoros en Valladolid por temor a que los insurgentes intentaran rescatarlo. La posibilidad de que Morelos tratara de recuperar sus restos no le parece probable a Zárate, ya que después de las derrotas sufridas su principal preocupación era mantener vivo el movimiento.

“Hay que consultar los libros de actas de los Congresos Constituyentes para saber si algún diputado pidió rescatarlos”, sugiere Guzmán Pérez.

Aunque Bustamante podía ser exagerado e inexacto, señala la historiadora Rina Ortiz, recomienda no desechar sus afirmaciones. Sobre los restos perdidos de Matamoros, agrega Guzmán Pérez, cualquier hipótesis es válida. “Se necesita indagar en los archivos”.

Cambio de imagen

El retrato canónico de Mariano Matamoros fue pintado en 1865 por José Obregón (1832-1902). La espada desenvainada del insurgente remite a su condición de militar.

En su biografía de Matamoros, el fallecido Gabriel Agraz García de Alba señala que esta imagen no corresponde con la descripción de Carlos María de Bustamante, que lo recordaba de pelo rubio y ojos azules.

Según los especialistas, Obregón reprodujo los rasgos de un retrato anónimo del héroe que está en el Museo Nacional de Historia, inspirado a su vez en una obra de José Francisco Rodríguez.

Itinerario

En la Columna de la Independencia, la urna de Mariano Matamoros guarda los restos de una mujer.

1770

Nace en la Ciudad de México el 14 de agosto. En 1811, siendo cura de Jantetelco, decide en diciembre unirse a las filas de Morelos.

1814

El 5 de enero es derrotado en la batalla de Puruarán. Juzgado en Valladolid, es fusilado el 3 de febrero, y luego sepultado en la Iglesia de la Tercera Orden de San Francisco.

1823

Es exhumado y trasladado en un “baulito” a la Catedral Metropolitana. En 1895, sus restos son olvidados en el Altar de los Reyes. Son recuperados en 1911.

2010

Un grupo de antropólogos físicos del INAH halla en su urna los restos de una mujer, de 40 a 45 años de edad, y 1.51 metros de estatura.

Reforma, 25 de enero de 2013