Creen falsa reliquia atribuida a Hidalgo

Bajo la sotana, Miguel Hidalgo llevaba un escapulario con la Virgen de Guadalupe. Durante décadas se creyó que era la reliquia que poseía el señor José Couttolenc, mostrada en El Imparcial un 15 de septiembre de 1910: una Guadalupana bordada en seda sobre pergamino acompañada del acta de la sentencia de degradación del caudillo.

Tras ser propiedad de obispos, monarcas y políticos priistas, el escapulario fue adquirido por el Gobierno de Aguascalientes en 2006 por tres millones de pesos. Permaneció custodiado por la Secretaría de Finanzas hasta que el pasado abril el Presidente Felipe Calderón desveló el secreto, al anunciar que viajaría al estado para recibirlo. Iba a serle entregado en un acto solemne como la gran pieza del Bicentenario, pero se dio marcha atrás cuando los primeros dictámenes indicaron que era falso.

Mientras los especialistas de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH concluyen sus informes, cuyos resultados preliminares señalan que su forma, sus dimensiones y su rigidez no corresponden a las de un escapulario, el objeto será expuesto por primera vez en la muestra Huellas de Miguel Hidalgo y Costilla en el Castillo de Chapultepec, que se inaugurará en los últimos días de agosto en el Museo Nacional de Historia (MNH) con medio centenar de objetos atribuidos al caudillo.

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Concepción Ochoa de Castro, pobre, viuda y madre de cuatro hijos, recorrió durante tres años los escenarios de la lucha insurgente para publicar en 1910 un Álbum patriótico ilustrado dedicado a Hidalgo en el que aparecía la fotografía de un escapulario manchado de sangre que, afirmaba, había llevado el caudillo en una “bolsa del pecho”. La sangre lo habría salpicado cuando, tras ser fusilado, un indio tarahumara le cortó la cabeza para que fuera expuesta en la Alhóndiga de Granaditas.

El historiador Carlos Herrejón cree que esta pieza, hoy perdida, podría ser el verdadero escapulario de Hidalgo. Autor del dictamen de la imagen de Couttolenc, está seguro de que se trata de una reliquia falsa. “Me falta observarlo directamente, pero se ve muy limpiecito. Por la fotografía parece que lo compraron en las Fábricas de Francia”, bromea.

Pero lo que más hizo dudar tanto al historiador como al director del MNH, Salvador Rueda Smithers, es el acta que acompaña la pieza, firmada por el juez eclesiástico de la causa, Francisco Fernández Valentín. Citada por autores como Luis Castillo Ledón, Antonio Pompa y Pompa y el propio Herrejón, resultó ser un original falso.

“El problema es que nunca habíamos visto el acta”, dice Rueda Smithers. “De existir el original, debería estar en Durango o entre las actas de Fernández Valentín, pero ahí no está. Casi creo que no existió”.

Herrejón es tajante: “El documento que avala ese escapulario está fuera de duda que es falsísimo, y esa falsedad se refleja en la pieza”. Su hipótesis es que fue “cocinado” a fines del siglo 19, durante el porfiriato, para hacer negocio.

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Un siglo de referencias historiográficas hizo que no dudaran de la autenticidad del escapulario, señala el director del Instituto Cultural de Aguascalientes, Víctor Manuel González. Si no se expuso antes, dice, fue por prudencia. “Quisimos esperar a que luciera en el recinto adecuado”.

Según el acta, el escapulario fue un regalo que le hicieron a Hidalgo las monjas teresitas de Querétaro en 1807. El documento consigna que la imagen le fue retirada del pecho, “llena de sudor”, el 29 de julio de 1811, el día anterior a su fusilamiento en el Hospital Real de Chihuahua, cuando fue registrado tras cumplirse la sentencia de degradación.

Enviado al obispo de Durango, Francisco Gabriel Olivares, se cree que José Fernando Ramírez, ministro de Estado de Maximiliano, lo tomó del archivo episcopal para obsequiarlo al emperador en 1864. Su siguiente dueño habría sido el checo Franz Kaska, que lo ofreció al general José María Couttolenc como “un importante documento histórico” a cambio de los bienes que el militar poseía del emperador.

Tras heredarlo su hijo José, su rastro se pierde hasta mediados del siglo 20, cuando Miguel Alemán lo obsequia al general Marcelino García Barragán. Son los herederos del hijo del militar, el ex titular de la Dirección Federal de Seguridad y presidente del PRI, Javier García Paniagua, quienes lo venden al Gobierno de Aguascalientes.

Aun tratándose de una pieza falsa, a Rueda Smithers no le parece contradictorio exponer el escapulario. “Muchas de las piezas atribuidas a Hidalgo que tenemos llegaron en 1910, y no puedo saber si eran suyas porque no hay registros escritos, debido a que hasta 1823 fue considerado un delincuente y sus objetos eran tomados como trofeos de guerra por sus enemigos”.

Humanizan al héroe

“¿Alguien se ha preguntado alguna vez cuántos objetos quedan de Hidalgo? Pues son 50 y ahora los podemos ver juntos”, resume el director del Museo Nacional de Historia, Salvador Rueda Smithers, sobre una exposición que integra en su mayoría piezas reunidas en 1910 para festejar el Centenario de la Independencia. “(Estos objetos) son un ejemplo del pudor de la historia: piezas sueltas que dan proporción humana a Hidalgo”, señala el historiador.

La pila donde fue bautizado en 1753, armas, documentos y retratos forman parte de la muestra, en la que destaca una medalla de plata de 1803 con la imagen de la Virgen de Guadalupe donada en 1915 por la nieta del sacerdote, la señorita María Guadalupe.

La parte oscura del caudillo, los saqueos y ejecuciones que ordenó, no están en la muestra. “No estamos hablando de Hidalgo, sino de los objetos que le pertenecieron. Y con estos jirones de historia buscamos armar una imagen”.

Reforma, 8 de agosto de 2009