Posee Fernando VII Acta de Independencia

Parece el argumento de una novela de intriga: en 1830, tres años antes de su muerte, Fernando VII podría haber ocultado tras uno de sus retratos un original del Acta de Independencia de México.

Una copia de un informe reservado rendido al rey el 25 de octubre de 1830 por su secretario, Pascual Vallejo, y aprobado por el monarca el 17 de noviembre, es la clave de esta historia. En el documento, Vallejo, doctor en derecho, un personaje menor de la corte que nunca formó parte de la influyente camarilla de Fernando VII, señala que ya está listo el cuadro destinado a contener el “acta original que está en manuscrito”. El marco ha sido reparado, los rasgos del monarca retocados, y los resortes que permitirán ocultar el documento han sido colocados “con el mayor arte y disimulo”.

Hasta la aparición del informe, hallado por el historiador Juan Ortiz Escamilla en la caja 29, expediente 10, del fondo de “Papeles Reservados de Fernando VII”, perteneciente al archivo del Palacio Real de Madrid, se desconocía que el monarca hubiera adquirido el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. Y que pudiera haberla ocultado tras un retrato, a no ser que mudando de parecer la guardara en una “cajita de caoba” hecha a medida, como también le sugiere su fiel secretario.

En el informe, Vallejo recuerda al monarca su intermediación para la compra de un documento que considera “hecho expresamente para despojarlo” de sus derechos. Una transacción que movido por “un ardiente celo patriótico” llevó a cabo en París con una misteriosa “baronesa D’Erval”, ¿acaso la viuda del general francés Dupont d’Erval?

“(La compra del documento) Se ha verificado sin perder tiempo con la posible economía”, escribe el secretario, “y lo posee Vuestra Majestad pudiendo conservarlo detrás de un retrato suyo, como una especie de triunfo legal”.

Vallejo no hace referencia al contenido del acta firmada por Agustín de Iturbide y los miembros de la Junta Provisional Gubernativa el 28 de septiembre de 1821, que declara al Imperio Mexicano “independiente de la antigua España”.

Nueve años después, las heridas siguen abiertas. El secretario propone al rey guardar el acta, confiando en que pueda hacerla “valer oportunamente” contra sus firmantes el día en que “recobre, como es de esperar, el precioso dominio de la Nueva España”.

Pérfido y simulador, Fernando VII sobrevivió a los embates de los liberales e impuso un régimen absolutista, una eficacia política que no le alcanzó para evitar la pérdida de sus reinos americanos, a la que nunca se resignó.

Hasta su muerte en 1833, el rey mantuvo la opción militar, negándose a reconocer la independencia de sus antiguos dominios. La fracasada expedición del general Isidro Barradas en 1829 no evitó que en el verano siguiente, meses antes del informe de Vallejo, Fernando VII analizara enviar 25 mil soldados a México. Se lo impidió, refiere el historiador catalán Josep Fontana, la revolución francesa de julio de 1830, que lo obligó a defenderse de las “intentonas liberales” de los exiliados, aquellos a quienes había condenado a muerte en 1823.

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Al abogado Juan José Espinosa de los Monteros se atribuye la redacción del Acta de Independencia del Imperio Mexicano. El historiador Lucas Alamán consigna que sólo se hicieron dos ejemplares del acta. Uno fue robado antes de 1830 por un “empleado infiel” que lo vendió a un “viajero curioso”, y el segundo fue custodiado por la Cámara de Diputados hasta que un incendio lo destruyó en 1909.

Alamán asegura haber intentado adquirir en Francia el original robado, cuyo rastro se pierde hasta reaparecer años después en la biblioteca de Maximiliano de Habsburgo. A finales del siglo 19, el acta es comprada por el historiador Joaquín García Icazbalceta al anticuario de libros español Gabriel Sánchez.

El nieto de Icazbalceta, Luis García Pimentel, la vende en 1947 por 10 mil pesos al coleccionista Florencio Gavito Bustillo, quien en su testamento pide que sea legada a la Nación. El historiador Ernesto Lemoine y la paleógrafa Guadalupe Pérez San Vicente dictaminaron la autenticidad del documento, que el Presidente Adolfo López Mateos recibió el 21 de noviembre de 1961. Años después fue trasladado al Archivo General de la Nación, que lo resguarda en su bóveda.

En virtud del poco tiempo –algunas semanas– que tuvo para analizarla, Lemoine señala en su dictamen preliminar que hay “bastantes probabilidades” de que se trate del acta original, mientras que Pérez San Vicente no abriga dudas sobre su autenticidad.

¿Podría ser el acta que adquirió Fernando VII un tercer original desconocido por Alamán? ¿Se trata del mismo ejemplar que custodia el AGN? Si lo fuera, ¿cómo llegó de la biblioteca del rey a la de Maximiliano?

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Una figura crucial en esta historia es el coronel suizo Theubet de Beauchamp, quien según Ortiz Escamilla era un espía del rey. De Beauchamp, comisionado para encargar en París el retrato del monarca que debía contener el acta, había visitado México dos años antes, en 1828, para proponer un negocio al que logró sumar 79 suscriptores.

Representantes de gobiernos y personalidades como Vicente Guerrero y el ministro J.R. Poinsett aceptaron comprar una serie de 13 grabados con los principales acontecimientos de la Guerra de Independencia, desde el Grito de Dolores en 1810 hasta la toma del Castillo de San Juan de Ulúa en 1825. La propuesta del suizo era encargar los cuadros a pintores de batallas franceses como J.H. Vernet y Jean Charles Langlois.

“Haber hecho esos grabados hubiera significado un fuerte impacto sobre la mentalidad”, considera la historiadora María Isabel Monroy, quien destaca el hecho de que en una época tan temprana como 1828 se hubiera logrado un consenso sobre los hechos más importantes de la Independencia.

Pero De Beauchamp resultó un tramposo, dice Ortiz Escamilla, investigador de la Universidad Veracruzana. Salió del País con insignias, trajes y manuscritos del periodo de Independencia que, en 1830, ya estaban en manos del rey, a quien cedió mediante convenio los asuntos “de interés mercantil” que había contratado en la Nueva España. Un servicio que hizo a Vallejo proponer al monarca que le concediera una de las “cruces chicas” de las órdenes de Carlos III o de Isabel la Católica.

El bosquejo de San Juan de Ulúa y la pintura del Grito de Dolores, parte de la serie de grabados, ya eran también para entonces propiedad del monarca.

Las 18 páginas del informe de Vallejo abren numerosos interrogantes: ¿Cómo llegó el Acta de Independencia a Francia y con qué propósito la adquirió Fernando VII? ¿Por qué ordenó hacer 420 facsímiles del documento que después fueron quemados tras destruir también la “piedra litografiada” que sirvió de modelo? ¿Pudo la vanidad hacerle encargar al rey un nuevo retrato a su primer pintor de cámara, Vicente López, como le propuso su secretario, y mudar ahí el acta, o prefirió dejarla tras un cuadro de autor anónimo?

Reforma, 22 de junio de 2009

Apoyan expertos búsqueda de acta

Una vez dueño del Acta de Independencia de México, Fernando VII habría pensado en ocultarla. “Lo lógico es que la hubiera quitado de en medio para que nadie la pudiera encontrar, utilizar o difundir”, considera el historiador español Miguel Artola.

El Premio Príncipe de Asturias y autor de La España de Fernando VII cree posible que, si el rey escondió el acta tras uno de sus retratos como le sugirió su secretario Pascual Vallejo, todavía continúe ahí, sin ser descubierta.

“Podría ser, dado que está oculta. Y un documento de esa época (por la calidad del papel) tiene más posibilidades de conservarse que uno actual”.

El pasado lunes, esta sección publicó el hallazgo de una copia de un informe reservado de 1830, enviado al rey por Vallejo, que revela la adquisición de un original manuscrito del Acta de Independencia del Imperio Mexicano por el monarca, y la propuesta de su secretario de mantenerlo oculto hasta recuperar el dominio de la Nueva España.

Los historiadores Guadalupe Jiménez Codinach, Patricia Galeana y Marco Antonio Landavazo consideran que, una vez dado a conocer el informe de Vallejo, sería importante que los responsables españoles –de Patrimonio Nacional– hicieran una investigación “a fondo” sobre qué ocurrió con el acta.

“Sería bueno, primero, que se buscara”, dice Landavazo, “y segundo, pedirla a España, ahora que se acerca la celebración del bicentenario. Y si no podemos recuperarla, por lo menos tener una copia para confrontarla con la que conocemos”.

Para el autor de La máscara de Fernando VII, resulta comprensible que el rey quisiera el acta, considerando que nunca renunció a su objetivo de “reconquistar” México. “La justificación de la Corona era el supuesto deseo de la mayoría de la población de que el país regresara al dominio español, y el respeto que le seguían tributando al monarca”.

Artola aclara que para Fernando VII era tan rechazable cambiar el sistema político en España respetando la Constitución de Cádiz, como aceptar la independencia de los reinos de América, pues ambos significaban un cambio de gobierno. “Los liberales españoles y americanos resultaban igual de amenazadores para la Corona”.

Es necesario considerar también, dice Jiménez Codinach, que tras la muerte del rey hubo guerras civiles que favorecieron el robo de documentos, aunque Artola recuerda que Madrid no sufrió saqueos.

Algunos coleccionistas afirman que existió un tercer original del Acta de Independencia, hecho para Agustín de Iturbide. Pero no existen documentos que lo confirmen, subraya Jiménez Codinach.

“Siempre les digo que hay muchas actas falsas. Vi una en Morelia, otra en Querétaro. Hay muchas impresas que circularon en la época, más pequeñas que las originales”.

De existir esa tercera acta, ganaría peso la hipótesis del historiador Juan Ortiz Escamilla, el descubridor del informe de Vallejo en el archivo del Palacio Real de Madrid, quien cree que pudo haber sido Iturbide el que llevó a su exilio europeo el original que años después compraría Fernando VII en París con la intermediación de su secretario.

La existencia de un tercer ejemplar del acta, desconocido por el historiador Lucas Alamán, quien sólo se refirió a la firma de dos manuscritos, no resulta imposible para Galeana. Tampoco que, destruido uno de los originales en un incendio en 1909, la única acta que existe en el país, custodiada por el AGN tras ser legada a la nación en 1961 por su último dueño, sea la misma que adquirió el monarca. “Pero son hipótesis que requieren una investigación”, precisa la secretaria técnica de la comisión del Senado encargada de los festejos de 2010.

Un rey complejo

Educado para ser monarca de España y América, Fernando VII (1784-1833) confiaba en legar a sus sucesores un territorio igual o mayor al que había recibido, afirma el historiador español Antonio Moral Roncal.

Sufrió la pérdida de sus reinos de ultramar, pero no aceptó enviar a su hermano, el infante Carlos María Isidro, a pelear al frente de las tropas realistas. También se negó a que el menor de sus hermanos, el infante Francisco de Paula, apoyado por los franceses, fuera nombrado emperador de México en la primera mitad de la década de 1820.

Moral Roncal considera que falta un estudio profundo que refleje la complejidad del rey, quien al mismo tiempo que recomendaba secretamente a la Real Academia Española publicar la obra del dramaturgo Leandro Fernández de Moratín, rechazaba la pintura de Goya. “¿Por ser liberal? No. Porque le recordaba el reinado de su padre, Carlos IV, y al odiado valido (Manuel Godoy)”.

Reforma, 25 de junio de 2009

Rastrean en España
Acta de Independencia

Patrimonio Nacional de España ha iniciado la búsqueda del manuscrito original del Acta de Independencia de México que, según un documento de 1830, podría haber ocultado Fernando VII tras uno de sus retratos.

Un primer resultado ha sido negativo, según informa la Jefa del Área de Conservación del organismo, Paz Cabello, al director de Actuaciones Histórico-Artísticas sobre Bienes Inmuebles y Museos, Juan Carlos de la Mata. En la nota interna número 205, con fecha del 29 de julio, le comunica que, tras descartar de un total de 15 retratos de Fernando VII aquellos que por su ejecución y firma no se ajustaban a la descripción del documento, diferentes conservadores revisaron “los marcos y la trasera” de los restantes sin encontrar indicios del acta.

Debido a que el Museo del Prado abrió sus puertas en 1819, en el reinado de Fernando VII, y gran parte del acervo provenía de las Colecciones Reales, la búsqueda deberá incluir los cuadros que salieron del actual Patrimonio Nacional con destino a ese recinto, señala De la Mata.

La investigación del organismo inició después de que REFORMA diera a conocer el 22 de junio la existencia, en el Archivo General del Palacio Real de Madrid, de una copia de un informe reservado dirigido al monarca por su secretario, Pascual Vallejo, donde le sugiere esconder el manuscrito tras uno de sus retratos. Hasta la aparición del documento, hallado por el historiador Juan Ortiz Escamilla en el fondo de “Papeles Reservados de Fernando VII”, se ignoraba que el rey hubiera sido dueño de un original del Acta de Independencia del Imperio Mexicano, suscrita el 28 de septiembre de 1821.

“En una intervención actual, si un documento se encuentra oculto en un cuadro no hay duda de su localización (se desmonta el bastidor, el forro…). Pero una restauración del siglo 19 era muy diferente; en ocasiones se producía una reintegración sin adoptar otras medidas, pudiendo mantener partes ocultas”, explica el funcionario, con una experiencia de 14 años en el cargo.

La cajita de caoba

En su informe a De la Mata, la Jefa de Conservación plantea una hipótesis sobre la localización del acta. Puesto que Vallejo sugiere al monarca, como segunda opción, guardar el documento en una “cajita de caoba” hecha a medida, y esta indicación tiene al margen la palabra “aprobado”, le parece obvio que se inclinó por esta solución.

Cabello apoya su argumento en que el propio secretario no parece estar convencido de la calidad de la pintura, hecha a partir, escribe Vallejo, de “una mala estampa litografiada” de Francisco Lacoma, por lo que plantea al monarca la posibilidad de mandar hacer otro retrato con su primer pintor de cámara, Vicente López.

“(Quizá el cuadro) no quedó lo suficientemente bien, según se desprende de las explicaciones exculpatorias de Vallejo, y no gustó al rey”, señala Cabello.

¿Cabría entonces la posibilidad de que el acta se encontrara en el Archivo General de Palacio? Juan José Alonso, su director, se limita a señalar que, en marzo de 2000, cuando se clasificó el informe de Vallejo, el personal técnico realizó una búsqueda del documento sin llegar a “un resultado concreto”, de lo que se infiere que la investigación no fue exhaustiva.

“La búsqueda se realizó en los fondos del archivo que tenían una clasificación y descripción más somera y que podrían estar relacionados con el reinado de Fernando VII. Además, se extendió a otros archivos a los que, por distintas circunstancias, podría haber llegado el documento: Archivo Histórico Nacional, Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, y Archivo General de la Administración”, explica Alonso, quien trabaja en el archivo del Palacio desde 1993.

Ambos funcionarios no recuerdan un caso similar al del acta, ya que no era una práctica común entre la realeza esconder manuscritos tras sus retratos.

“No es frecuente encontrar documentos en los cuadros”, reconoce De la Mata, “sí pinturas ocultas por capas posteriores, arrepentimientos o marcas, y firmas no conocidas”.

Acervo real

Creado por Fernando VII en 1814, el Archivo General de Palacio reúne más de 11 kilómetros lineales de documentación, sobre la administración de la Real Casa y del Patrimonio de la Corona, y colecciones de mapas, planos y dibujos.

El archivo, consultado en 2008 por 2 mil 579 investigadores, forma parte de Patrimonio Nacional, organismo que administra los bienes del Estado adscritos al uso de la Casa Real, y al servicio de fines culturales.

El organismo custodia un acervo de 154 mil 765 obras, depositadas en nueve palacios reales, diez conventos y monasterios, y veinte pabellones, palacetes y antiguos hospitales. Sus museos reciben anualmente más de 3 millones de visitantes.

Reforma, 5 de agosto de 2009