‘Remember’ Columbus

La incursión armada en Columbus por las tropas de Francisco Villa tiene un peso simbólico. Y, por tanto, exagerado, reconoce el biógrafo del revolucionario, Paco Ignacio Taibo II.

Del otro lado del Río Bravo, el historiador Joseph A. Stout, profesor emérito de la Oklahoma State University, asegura que la mayoría de los estadounidenses ignora el episodio de Columbus.

“Quienes han oído hablar de Villa, piensan que era un proscrito que recorría la frontera del suroeste de Estados Unidos. La canción de Willie Nelson, Pancho and Lefty, es un ejemplo de esto”, sostiene el autor de Border conflict. Villistas, carrancistas and the punitive expedition, 1915-1920.

Columbus es una nota minúscula de pie de página para los norteamericanos, agrega Taibo, aunque la población haya convertido en parque temático la incursión armada del 9 de marzo de 1916. Una cabalgata binacional recuerda el centenario de este hecho que ha pasado a la historia como la única invasión de un ejército latinoamericano a Estados Unidos.

“Simbólicamente, se ha vuelto más importante de lo que realmente fue”, señala el escritor. A las incursiones de Estados Unidos en el territorio nacional en 1836 con la guerra de Texas, en 1846 con la guerra de intervención, y en 1914 con la invasión de Veracruz, México sólo respondió con la “pequeña acción” de Columbus, apunta.

“Por eso, de vez en cuando se antoja ir a pintar en las puertas de las empresas norteamericanas: ‘Remember Columbus, culeros’”.

Taibo escribe en Pancho Villa: Una biografía narrativa (Booket, 2006) que fue un ataque “chapucero”, mal organizado y peor ejecutado por los invasores, y una de las más mediocres acciones del ejército estadounidense que, a pesar de las advertencias de que Villa estaba cerca de la frontera, fue burlado por una estrategia que el escritor denomina como “push and run: putazo y retorno”.

La expedición contó con 589 atacantes, calcula en su libro. A las 4:25 de la madrugada, inició el combate, y a las 6:30 el clarín dio la orden de retirada. A las 7:15, se replegaron los últimos villistas. La “invasión” no duró más de tres horas.

Los muertos, entre los mexicanos, llegaron a cerca de 70, debido a que los incendios los volvieron blanco fácil, además de siete prisioneros; mientras que del lado estadounidense cayeron 10 civiles y 13 militares. Por el número de bajas nacionales, el historiador Reidezel Mendoza califica el hecho como un acto irresponsable.

“Es una correría que costó muchas vidas”, señala el autor de Bandoleros y rebeldes. “Se daban combates encarnizados que no llevaban a ningún lado, eso dice mucho de Villa: un personaje dolido, rencoroso, que buscaba venganza”.

Es otra la visión del historiador Jesús Vargas, quien planea concluir este año su libro Villa bandolero. “Tanto el bandolero como el revolucionario sostuvieron un código de conducta: para los leales y los valientes, todo; para los traidores y los cobardes, la muerte”.

Vargas, investigador de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, cuenta que Doroteo Arango –nombre real de Villa– se unió a los 16 años a la banda de Ignacio Parra, y ahí se dotó del conocimiento que después le permitiría sobrevivir en la lucha revolucionaria.

“Aprendió a utilizar las plantas curativas y remedios de todo tipo, a usar las cuevas como escondite y los atajos para huir de sus perseguidores, ubicó manantiales y aprendió a tratar a la gente que estaba bajo su mando. Nunca utilizó un solo nombre ni se tomó fotografías”.

Mendoza escribe que utilizó por igual apodos que nombres de amigos y cómplices: “El Gorra Gacha”, “El Minero”, José Beltrán o Rayo Sauceda. De acuerdo con Vargas, no usó el nombre de Francisco Villa antes de 1910, cuando aparece en un expediente judicial que se le abre en Parral por el robo de unas reses.

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Durante años, la pregunta fue: ¿por qué Villa atacó Columbus? Su objetivo original, recuerda Jesús Vargas, eran poblados fronterizos como Presidio, Texas, al otro lado de Ojinaga.

“Desde finales de 1915, Villa había decidido que el principal enemigo de México era Estados Unidos, y que la causa que debían asumir todos los revolucionarios era combatirlo”, señala. “El ataque contra Columbus fue un intento por provocar una guerra contra Estados Unidos”.

El historiador austriaco Friedrich Katz escribe que, tras la victoria de Villa en la batalla de Torreón en 1914, el gobierno del presidente Woodrow Wilson, empresarios, militares e intelectuales comenzaron a simpatizar con su causa: “Muchos lo consideraban el salvador potencial de México”.

Villa dependía de las armas y del poder de Estados Unidos, afirma Katz en Pancho Villa (Era, 1998). Su contrato con la Mutual Film Company le permitió ganar popularidad y dólares que gastó en abastecer a sus tropas.

Columbus sucede después de que la División del Norte ha sido derrotada por Álvaro Obregón en 1915 y sus brigadas disueltas. En octubre de ese mismo año, la administración estadounidense había reconocido el gobierno “de facto” de Venustiano Carranza.

“Villa se siente profundamente traicionado por los norteamericanos”, afirma Taibo. “En la ética villista, es un pecado imperdonable. Lo traicionaron: permitieron cruzar a las tropas obregonistas por su territorio, levantaron el embargo de armas para favorecer a los carrancistas, apoyaron a Calles en Sonora…”.

Villa siempre pensó en Estados Unidos como una retaguardia. El contrabando de las reses que “expropiaba” a los oligarcas y del algodón de La Laguna más allá de la frontera lo convertía en avituallamiento para sus soldados, agrega.

“Otro factor para invadir Columbus”, plantea el escritor, “fue la idea mañosa de crearle un conflicto a Carranza, obligarlo a definirse frente a una intervención norteamericana. Y, por último, cobrar con sangre a los hermanos Ravel su traición”.

Los Ravel, emigrantes judíos, habían provisto desde 1913 al revolucionario con armas y municiones, hasta que se negaron a cubrir sus deudas. El día del ataque, Sam había ido al dentista en El Paso, y a Louis no lograron localizarlo.

Según el informe oficial, citado por Taibo, los villistas se robaron 30 mulas, equipo militar que incluía 300 Mauser y 80 “caballos finos”.

Stout considera que Villa actuó movido por la frustración: “Estados Unidos no había cumplido con sus promesas de ayuda. Al principio, le habían asegurado suministros y apoyo mientras completaba los objetivos de la Revolución en el norte de México”.

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Ni Villa ni su escolta ni su estado mayor intervinieron en el ataque, escribe Taibo. Sobre su ubicación, asegura que cruzó la línea fronteriza y se quedó en una zanja, junto a los caballos, mientras que Vargas sostiene que permaneció en territorio mexicano.

“Hay muchos documentos de los interrogatorios, y prácticamente en ninguno se menciona con la certeza debida que Villa haya estado presente en Columbus “, afirma el investigador.

Pudo haber sido por razones de estrategia, según Taibo, porque temía que si lo capturaban podían exhibirlo en una jaula, apunta Mendoza, o para evitar el peligro de que fueran “encajonados” por las tropas carrancistas cercanas, agrega Vargas.

Mientras los periódicos de la cadena Hearst publicaban: ¡Pancho Villa, vivo o muerto!, el gobierno estadounidense mandó el 15 de marzo una expedición punitiva para capturarlo, al mando del general John J. Pershing.

Tropas de 10 mil hombres no lograron atraparlo, hasta su salida en febrero de 1917. “Es la historia del ridículo y el desastre”, define Taibo. Una derrota que convierte a Villa en héroe popular.

Pershing no pudo capturar ni matar a Villa, señala Stout, debido a las características del territorio: la dificultad para localizarlo unido al hecho de que contara con el apoyo de los pobladores.

“El ejército estadounidense de la época fue diseñado para luchar en una guerra convencional, no en una tipo guerrilla”, señala el historiador. “El mando y control de las fuerzas era demasiado difícil con la tecnología de entonces. La campaña fue asimétrica porque Estados Unidos carecía del equipo necesario para tener éxito”.

Un tema que permanece abierto para Stout es: ¿qué hacía el ejército carrancista durante la expedición de Pershing? Respondió a la pregunta en su libro Border conflict, pero durante su investigación, en 1997, no tuvo acceso al archivo de la Sedena, por lo cual piensa que puede guardar información valiosa.

Cuando Villa se retira en 1920 a la Hacienda de Canutillo en Durango, el tema de Columbus se vuelve escurridizo, apunta Taibo. No hace alarde, es terreno pantanoso. Tampoco vuelve a establecer relaciones con los norteamericanos.

“Pero compra cosas del catálogo de Sears Roebuck para Canutillo, como máquinas de coser y tractores”.

Columbus reaparece tras el asesinato de Villa en 1923, cuando el robo de su cabeza se atribuye al ofrecimiento de 50 mil dólares de un estadounidense al que habrían matado a su hijo durante el ataque, señala.

Taibo cree que el cráneo está enterrado cerca de Salaices, Chihuahua, en una caja de balas de Mauser de 7 milímetros. “Han pasado por ahí gringos con detectores de metales, pero es una caja de madera”. Algún día puede aparecer.

Reforma, 4 de marzo de 2016