Victoriano Huerta: El olvidado de la historia

Victoriano Huerta, mestizo de sangre huichola, es descrito por el historiador británico Alan Knight como un general capaz, pero con horizontes políticos limitados. Alguien que, bajo el porfiriato, combatió a disidentes del régimen e indígenas rebeldes.

“Es un ejemplo de la ‘psicología de la incompetencia militar’ (abordada por Norman F. Dixon). Es decir, puso toda su fe en la disciplina, la represión y la mano dura, descartando las medidas políticas”, señala el reconocido estudioso de la Revolución mexicana.

Hombre de origen humilde, nacido en Colotlán, Jalisco, en 1854, sobre Huerta persiste el desconocimiento debido a una historiografía que lo enjuició y rechazó sin ofrecer explicaciones, considera la historiadora Josefina Mac Gregor.

Egresado del Colegio Militar, participó en comisiones astronómicas, topográficas y de ingeniería. Siendo secretario de guerra, Bernardo Reyes le pidió controlar la sublevación de los mayas de Yucatán, misión que le mereció el ascenso a general de brigada. Aunque se definía como “liberal y creyente”, Huerta no era un hombre de iglesia, aclara Mac Gregor.

Una dificultad para su estudio, señala la investigadora de la UNAM, es la falta de documentos, ya sea porque fueron destruidos o se encuentran perdidos. El historiador Servando Ortoll afirma que tanto en el Archivo General de la Nación como en el fondo de la Sedena existen vacíos de información sobre su gobierno.

“Como toda persona prominente en la Revolución, Huerta ha sido sujeto de críticas, aunque con mucha razón”, considera Knight. “Su papel en 1913 y 1914 fue sangriento y cínico. Traicionó a Madero y lo mató, ¡un gran error!”.

Ortoll, quien desde hace años recorre archivos y bibliotecas de diferentes países en busca de documentos diplomáticos sobre Huerta, de quien prepara una biografía, asegura que no existen pruebas de que ordenara la ejecución de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez.

“Es cierto que aborrecía a Madero, por sus constantes cambios de opinión y porque le impedía actuar como militar, pero Huerta sabía que, para él, era más valioso vivo”.

El investigador de la Universidad Autónoma de Baja California considera cierta la versión del periodista Edward I. Bell, publicada en The Political Shame of Mexico en 1914, de que fue en una reunión donde participaron generales y civiles como Manuel Mondragón y Rodolfo Reyes, el 17 de febrero de 1913, cuando se decidió la muerte de Madero, ocurrida cinco días después.

Huerta fue el único de los presentes que se opuso a esta decisión, escribió el periodista, no porque fuera un hombre compasivo, sino porque era juicioso.

En abril de 1915 en Nueva York, al volver de su exilio en Barcelona para preparar su regreso a México, Huerta aseguró a los periodistas que lo ocurrido era, hasta ese momento, “un secreto de soldado”, pero algún día se sabría la verdad, y esa era que no había tenido responsabilidad en los hechos.

“A mí me parece claro”, afirma Knight, “que el asesinato de Madero no hubiera ocurrido sin su aprobación, si no orden directa”.

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El problema con Huerta, señala Mac Gregor, es el origen de su gobierno.

“Aunque se esforzó en darle una apariencia de legalidad, de manera constante violaba las leyes, como cuando desconoció al Congreso y aprehendió a los diputados, aduciendo razones de Estado”.

Knight cree difícil, si no imposible, saber en qué medida ordenó Huerta los asesinatos que se le imputan, pero este tema le parece un asunto secundario.

“Lo importante”, afirma el investigador de la Universidad de Oxford, “es que el régimen –muy personal y autoritario– llevó su sello y fue, en parte, su creación”.

Mac Gregor considera que la importancia del gobierno de Madero radicó en su observancia de la ley como reguladora social. “Para mí, Huerta rompió ese impulso”.

historiadora, estudiosa del gobierno huertista, ha destacado entre sus políticas la defensa de la soberanía nacional, su interés en atender la pequeña propiedad en el campo y su preocupación por la imagen que se proyectaba de México al exterior.

“Huerta, al tomar el poder, propone una tercera alternativa para el país: regresar al orden y la paz porfirianos, que hagan posible el progreso, reconociendo al mismo tiempo que hay problemas sociales, como el agrario, el laboral y el educativo, que es preciso solucionar”.

Para Knight, el único avance del paso de Huerta por la presidencia, a la que renunció el 15 de julio de 1914 entre los aplausos y vivas de los diputados, fue extender la Revolución, hacerla más radical y, al cabo, triunfante. Su diagnóstico es lapidario: “Mientras que el revisionismo –el esfuerzo para repensar y reivindicar a los ‘villanos’ de la historia– a veces tiene cierto sentido, en el caso de Huerta es un esfuerzo que no vale la pena”.

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Huerta fue un general que vio la oportunidad de hacerse con el poder, pero antes no había sido político, señala Mac Gregor.

“Quería pacificar el país, era su más grande anhelo”, asegura Ortoll, “pero no lo logró por la constante intromisión personal y castrense del presidente Woodrow Wilson”.

Entre las zonas que falta iluminar de ese periodo de la Revolución, está la ayuda que prestaron los estadounidenses a las tropas de Venustiano Carranza, señala el historiador, quien durante sus incursiones en los archivos ha encontrado ejemplos de esta injerencia.

Menciona un incidente de abril de 1914, cuando una lancha del buque de guerra norteamericano Dolphin cargó gasolina a menos de 100 metros del Puente de Iturbide, en Tampico, donde los federales llevaban dos días combatiendo a los revolucionarios. Una acción que impidió a los soldados del general Ignacio Morelos Zaragoza continuar “cañoneando” a los rebeldes.

La detención de los tripulantes del Dolphin generó la protesta del contraalmirante Henry T. Mayo. El hecho, juzgado por Wilson como una ofensa, es considerado el detonante de la invasión a Veracruz el 21 de abril. Para Ortoll, esta intervención prueba que el presidente estadounidense pensaba que Carranza no podría derrotar a Huerta.

“Eligió una solución tajante, que inmovilizara en lo económico y lo político al gobierno federal, al cortarle el acceso a las armas que transportaba el Ypiranga y los ingresos provenientes de la aduana del puerto”, plantea.

Wilson estaba convencido, apunta Mac Gregor, tras la anulación de las elecciones del 26 de octubre de 1913, que hicieron posible la permanencia de Huerta en el poder como presidente interino, que no podrían llegar a ningún acuerdo.

Para la historiadora, dos factores propician su caída: “La animadversión del gobierno de Wilson y las políticas diplomáticas desplegadas para acabar con Huerta, junto con la oposición revolucionaria, constitucionalista y zapatista, son fuerzas que actúan simultáneamente”.

Otro tema que falta estudiar con mayor profundidad es el intento de Huerta por recuperar el poder en México, apoyado en 1915 por Alemania, que pretendía desestabilizar a Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial. Se calcula que los alemanes aportaron al movimiento 12 millones de dólares en armas y dinero.

Erik del Ángel Landeros abordó este hecho en su tesis de maestría en historia, que este año podría convertirse en libro. Dedicó dos años a una investigación que todavía tiene, dice, muchos cabos sueltos, como a qué facción revolucionaria fueron a parar las armas que los huertistas enviaron a México, y cuántos villistas planeaban aliarse al movimiento, lo que justificaría la decisión de Huerta de ingresar por Chihuahua.

La madrugada del 27 de junio, antes de llegar a El Paso, cuando se dirigía a cruzar la frontera hacia Ciudad Juárez, Huerta fue detenido acusado de violar las leyes de neutralidad de Estados Unidos. Encerrado en la prisión de Fort Bliss, fue declarado culpable de conspirar para iniciar y emprender una expedición militar en México.

A los pocos días del fallo, escribe el historiador, tras serle concedida la liberación por su mal estado de salud, falleció el 13 de enero de 1916.

Landeros lamenta que el general continúe siendo, a 100 años de su muerte, el olvidado de la historia.

“Creo que hay una deuda, sobre todo en la academia, por desentrañar lo que pasó en el periodo de Huerta”.

Reforma, 17 de enero de 2016